domingo, mayo 08, 2011

XXXV:In nomine patris

El disparo abrió un boquete sanguiñolento en el costado de Marak. El goano cayó a en la arena, aturdido y confundido. Landon recargó y apuntó a la cabeza de Marak. Este no se levantó. Respiraba profundo, y la herida manaba poca sangre.
-Vamos. Solo es una herida lateral. No intentes nada raro.
-Duele. – resopló Marak.
-¿Nunca te habían herido? –Landon mantuvó su guardia.
-No.
-Vamos, eres el mesias de Goan. Deberias poder curar esa herida.
-Ya no, por lo visto.
Marak se sentó y desgarró su aba.
-No vas a parar la hemorragia asi. –recomendó Landon, poniéndose en cuchillas. – Presiona más fuerte. No hay venas lastimadas, ya te habrías desangrado. Realmente, nunca vendaste a nadie.
Marak le dedicó una mirada furibunda. Aun empuñaba su daga dorada.
-Es un lindo juguete, seguramente tiene más hechizos de lo que crees, pero puedo volarte la mano en un segundo. Dámela y te ayudare a vendarte.
Marak escupió y siguió pergeñando con sus vendajes. Se las arregló para parar la poca sangre, pero evidentemente aun le dolía bastante.
El goano se levantó con la daga en una posición de combate ridícula. Había un odio profundo en sus ojos, pero era como si hubiera perdido toda su capacidad de amenaza. Parecía solo lo que era, un muchacho de veinticuatro años tratando de vender cara su derrota.
Landon enfundó la dragonosa y lo miró desafiante. Marak cargó, la daga en mano, pero antes de hacer contacto un sonoro puñetazo lo desvió. Landon le propinó un rodillazo en la ingle y le quitó la daga de sus manos. El joven se tiró al suelo, abandonando la pelea.

-Asi pelea el hijo predilecto de Goan? Tu madre te molería a golpes si se enterará que te dio una paliza un mago, hijo.
-Los dioses me han abandonado. Para que vivir? Mátame, perro, y sentirás la ira de los dioses.
-Levantante, mocoso. Estamos metidos en un lio. Esto parece un desierto, algo nos teleporto aquí, mientras mis amigos están arriba peleando contra el guardián. – Caviló Landon.
-Eres un estúpido, Landon Donovan. ¿No escuchaste todo lo que Mitrae dijo? Cada vez que uno de nosotros tome una acción que sea una definición, seremos llevados a otro plano de existencia a arreglar nuestros asuntos. Mátame y saldrás de aquí.
-No. – Landon lo levantó del aba y lo hizo parar en la arena. Marak no se resistió. – Que demonios te pasa? Cuando peleamos en el Gomerghast casi friegas el piso con mi cara.
-Los dioses me juzgaron indigno.
-¿Justo ahora? Cuando masacraste a los misioneros de Altalion en Sifnidga no dijeron nada?
-Zazoah el destructor guiaba mi mano, y si el padre Allamud no intervenía, que podían hacer los otros dioses. Ellos me hablaban en mi cabeza, antes. Solo yo podía oírlos.
-Estás loco, hijo. – Landon lo mantuvo con el caño de la Dragonosa en la espalda. – ¿Alguna idea de donde estamos?
-Parece el Goan. El wadi, posiblemente. ¿Que importa? Mátame y estarás libre.
-No, esto parece una de esas ridículas pruebas éticas en las que los dioses aman poner a nosotros los mortales.
-Los dioses no operan así, realmente. Somos nosotros mismos los que nos ponemos en esos dilemas éticos. Los dioses carecen de ética.
-Lo sé, bien que lo sé. Son unos malditos bastardos allá arriba. De todas maneras, tenemos que encontrar un camino de regreso. Alguna puerta, algo que nos dé una pista.
-¿Una puerta en el desierto? ¿Estas loco tu también?
-Me han pasado cosas más raras. Además, me he quedado sin planes. Camina.
-¿Hacia donde vamos?
-Hacia ningún lado, solo camina.

No encontraron ninguna puerta. Cayo la noche, y encontraron, sin embargo, unas formaciones rocosas y arbustos verdes. Landon se las arregló para encender un fuego con ellas, con un poco de magia. Luego se puso a revisar su deshilachado cuaderno donde guardaba sus conjuros más prácticos. Marak guardó silencio todo el tiempo, mirando el fuego.
Landon terminó de leer y cerró el libro.
-Algo raro sucede- comentó- No tengo hambre.
-Ni sed. Esta simulación apesta.
-Parece bastante real.
-No, apuesto que realmente nuestro tiempo biológico fluye más lento. Allamud hace eso, en aquellos que se acercan demasiado a su castillo por segunda vez. Hace que el tiempo fluya más lento, así que tardas años en un solo día.
-Asi que nadie puede visitar dos veces el castillo de Allamud?
-No – Marak lo miró con odio, y luego bajó la mirada. – Mi padre lo intentó y falló.
- ¿No hay excepciones para los heraldos de los dioses.
-No. Mi padre verdadero, me refiero.
Hubo un largo silencio. Landon aceitó a la dragonosa, Marak solo miraba el fuego.
-No sé mucho de tu historia, solo que Grana me conto en alguna ocasión cuando rescatamos a Lamuel. Entiendo que Lamuel y tu madre estuvieron casados y tuvieron tres hijos, verdad? Luego se separaron y naciste tú, hijo de Eli y Sif?
-Eso fue lo que crei. Pero no es cierto. Soy tan hijo de Lamuel como Bayeia o Dirandis, mis verdaderos hermanos.
-Mírate la cara, Marak. Tienes la nariz de un goano.
-Como sabes que no es la nariz de un Invothak?
-En cualquier caso, como lo sabes?
Silencio.
-Casandra. Cuando peleábamos en la nave, recuerdas?
-Cuando hice pedazos el Gomernghast?
-No fuiste tu, fueron tus armas.
-Si, pobrecitas. ¿Que hizo Casandra?
-Entró en mi mente. No era un lugar agradable antes, supongo. Yo estaba concentrado entonces, asi que dejé que los dioses la atacaran. Se las arregló para luchar contra los nueve ella sola.
-Es una mujer increíble.
-Empezó a escarbar mi mente, mis recuerdos. Sabes, ahora recuerdo de todo mucho mejor. Yo estaba demente, tenía cosas en mi cabeza que hacían lo que querían. Creo que era yo, todos ellos.
Landon gruñó.
-Algo encontró, que hizo que los dioses se disolvieran. Creo que ella no sabía lo que encontró, debe de haber estado apurada usando cada recuerdo doloroso para ver si me noqueaba con angustia. Algo encontró que hizo que los dioses se disolvieran y huyeran espantandos.
-¿Qué Lamuel era tu padre?
-Supongo que si. Eso era. No lo sabia apenas terminamos la pelea, pero desde entonces he estado pensando. Es raro, me siento muy diferente.
-Lo sabias?
-No, fue una sospecha, cientos de pequeños incidentes, que yo iba reprimiendo. Solo hable con Lamuel una vez, y su mirada era tan angustiada al verme. Fue en el funeral secreto de Bayeia. Los dioses me dijeron que Lamuel me temía, pero en realidad estaba angustiado de que yo no le creyera la verdad. Me lo dijo, en su enrevesada manera de hablar. Yo lo ataque con fuego y rayos. Sobrevivió, por supuesto, y poco después se infiltro y mató a mi madre.
-Realmente no me gustaría pertenecer a tu familia, hijo.
- Me sentí culpable de haberlo dejado vivo. Pero también aliviado, porque mi madre era… no teníamos la mejor relación. Y su muerte me convertía en el Mesias de Goan, no más regencia.
-Cuantos años tenías entonces?
-Yo? Doce años, trece?
-Barriste el suelo con el culo de Lamuel a los trece años?
-No presentó demasiada resistencia.
-Hijo, yo apenas tendía mi cama a los trece.
-Hemos sido educados de otra manera.

Paso mucho tiempo, pero ninguno sentía sueño ni había más que decir. Marak parecía nervioso; era obvio que estaba poniéndose al día con su mente. Landon descubrió que podía fijar los conjuros en su mente sin dormir, es este extraño reino.
Cuando salió el sol, Marak se levantó, se acercó y extendió la mano.
-Landon Donovan, devuélvame mi daga.
-Que pasa hijo?
-Vamos a terminar este duelo.
-¿De que hablas, hijo? No tienes tus poderes sacerdotales y yo tengo una pistola y mis conjuros. No vas a durar ni un minuto.
-Esa no es razón para detener el duelo. Terminémoslo.
-No voy a matarte a sangre fría, hijo.
-No, claro que no, será en defensa propia.
-No eres una amenaza.
-Que va a hacer, Landon, quedarse aquí sentando el resto de la eternidad? Este lugar no existe, es un campo de batalla y se terminara cuando el duelo termine. Deme la daga y terminemos esto.
Landon se encogió de hombros y le entrego la daga. Marak retrocedió unos pasos e hizo una reverencia. Landon continúo sentado.
-Hijo esto es ridículo. No estás en buen uso de tus facultades mentales.
-Soy uno por fin, Landon – Marak sonreía –Soy yo por primera vez, y te aseguro que estas en buen uso de mis facultades. Este será mi primer y verdadero acto consiente. Vas a quitarme el derecho de morir como un valiente.
-Pseee. – Landon se paro- Sabes que todo el problema es que ahora crees que no eres el hijo de Eli y por lo tanto no te consideras digno? Que los dioses no te quitaron su favor sino que tu de alguna manera renunciaste a eso?
-Sí, y que se pudran. Ya no quiero su poder. Ahora me doy cuenta que siempre quise ser un derviche. En guardia, Landon Donovan, usted sera mi primera víctima.
Landon vio al joven correr hacia el, la daga lista, el instinto asesino en sus ojos, y no le quedó otra opción que abrir fuego. El disparo se desvió y pego en el pecho; Marak trastabillo y cayó al suelo a sus pies.
-Maldición, maldición, maldición. Esto es ridículo. Marak, estás bien?.
Alcanzó a ver la sonrisa y los ojos vidriosos del hijo de Lamuel, y luego todo se disolvió en penumbra.

XXXV:In nomine patris

El disparo abrió un boquete sanguiñolento en el costado de Marak. El goano cayó a en la arena, aturdido y confundido. Landon recargó y apuntó a la cabeza de Marak. Este no se levantó. Respiraba profundo, y la herida manaba poca sangre.
-Vamos. Solo es una herida lateral. No intentes nada raro.
-Duele. – resopló Marak.
-¿Nunca te habían herido? –Landon mantuvó su guardia.
-No.
-Vamos, eres el mesias de Goan. Deberias poder curar esa herida.
-Ya no, por lo visto.
Marak se sentó y desgarró su aba.
-No vas a parar la hemorragia asi. –recomendó Landon, poniéndose en cuchillas. – Presiona más fuerte. No hay venas lastimadas, ya te habrías desangrado. Realmente, nunca vendaste a nadie.
Marak le dedicó una mirada furibunda. Aun empuñaba su daga dorada.
-Es un lindo juguete, seguramente tiene más hechizos de lo que crees, pero puedo volarte la mano en un segundo. Dámela y te ayudare a vendarte.
Marak escupió y siguió pergeñando con sus vendajes. Se las arregló para parar la poca sangre, pero evidentemente aun le dolía bastante.
El goano se levantó con la daga en una posición de combate ridícula. Había un odio profundo en sus ojos, pero era como si hubiera perdido toda su capacidad de amenaza. Parecía solo lo que era, un muchacho de veinticuatro años tratando de vender cara su derrota.
Landon enfundó la dragonosa y lo miró desafiante. Marak cargó, la daga en mano, pero antes de hacer contacto un sonoro puñetazo lo desvió. Landon le propinó un rodillazo en la ingle y le quitó la daga de sus manos. El joven se tiró al suelo, abandonando la pelea.

-Asi pelea el hijo predilecto de Goan? Tu madre te molería a golpes si se enterará que te dio una paliza un mago, hijo.
-Los dioses me han abandonado. Para que vivir? Mátame, perro, y sentirás la ira de los dioses.
-Levantante, mocoso. Estamos metidos en un lio. Esto parece un desierto, algo nos teleporto aquí, mientras mis amigos están arriba peleando contra el guardián. – Caviló Landon.
-Eres un estúpido, Landon Donovan. ¿No escuchaste todo lo que Mitrae dijo? Cada vez que uno de nosotros tome una acción que sea una definición, seremos llevados a otro plano de existencia a arreglar nuestros asuntos. Mátame y saldrás de aquí.
-No. – Landon lo levantó del aba y lo hizo parar en la arena. Marak no se resistió. – Que demonios te pasa? Cuando peleamos en el Gomerghast casi friegas el piso con mi cara.
-Los dioses me juzgaron indigno.
-¿Justo ahora? Cuando masacraste a los misioneros de Altalion en Sifnidga no dijeron nada?
-Zazoah el destructor guiaba mi mano, y si el padre Allamud no intervenía, que podían hacer los otros dioses. Ellos me hablaban en mi cabeza, antes. Solo yo podía oírlos.
-Estás loco, hijo. – Landon lo mantuvo con el caño de la Dragonosa en la espalda. – ¿Alguna idea de donde estamos?
-Parece el Goan. El wadi, posiblemente. ¿Que importa? Mátame y estarás libre.
-No, esto parece una de esas ridículas pruebas éticas en las que los dioses aman poner a nosotros los mortales.
-Los dioses no operan así, realmente. Somos nosotros mismos los que nos ponemos en esos dilemas éticos. Los dioses carecen de ética.
-Lo sé, bien que lo sé. Son unos malditos bastardos allá arriba. De todas maneras, tenemos que encontrar un camino de regreso. Alguna puerta, algo que nos dé una pista.
-¿Una puerta en el desierto? ¿Estas loco tu también?
-Me han pasado cosas más raras. Además, me he quedado sin planes. Camina.
-¿Hacia donde vamos?
-Hacia ningún lado, solo camina.

No encontraron ninguna puerta. Cayo la noche, y encontraron, sin embargo, unas formaciones rocosas y arbustos verdes. Landon se las arregló para encender un fuego con ellas, con un poco de magia. Luego se puso a revisar su deshilachado cuaderno donde guardaba sus conjuros más prácticos. Marak guardó silencio todo el tiempo, mirando el fuego.
Landon terminó de leer y cerró el libro.
-Algo raro sucede- comentó- No tengo hambre.
-Ni sed. Esta simulación apesta.
-Parece bastante real.
-No, apuesto que realmente nuestro tiempo biológico fluye más lento. Allamud hace eso, en aquellos que se acercan demasiado a su castillo por segunda vez. Hace que el tiempo fluya más lento, así que tardas años en un solo día.
-Asi que nadie puede visitar dos veces el castillo de Allamud?
-No – Marak lo miró con odio, y luego bajó la mirada. – Mi padre lo intentó y falló.
- ¿No hay excepciones para los heraldos de los dioses.
-No. Mi padre verdadero, me refiero.
Hubo un largo silencio. Landon aceitó a la dragonosa, Marak solo miraba el fuego.
-No sé mucho de tu historia, solo que Grana me conto en alguna ocasión cuando rescatamos a Lamuel. Entiendo que Lamuel y tu madre estuvieron casados y tuvieron tres hijos, verdad? Luego se separaron y naciste tú, hijo de Eli y Sif?
-Eso fue lo que crei. Pero no es cierto. Soy tan hijo de Lamuel como Bayeia o Dirandis, mis verdaderos hermanos.
-Mírate la cara, Marak. Tienes la nariz de un goano.
-Como sabes que no es la nariz de un Invothak?
-En cualquier caso, como lo sabes?
Silencio.
-Casandra. Cuando peleábamos en la nave, recuerdas?
-Cuando hice pedazos el Gomernghast?
-No fuiste tu, fueron tus armas.
-Si, pobrecitas. ¿Que hizo Casandra?
-Entró en mi mente. No era un lugar agradable antes, supongo. Yo estaba concentrado entonces, asi que dejé que los dioses la atacaran. Se las arregló para luchar contra los nueve ella sola.
-Es una mujer increíble.
-Empezó a escarbar mi mente, mis recuerdos. Sabes, ahora recuerdo de todo mucho mejor. Yo estaba demente, tenía cosas en mi cabeza que hacían lo que querían. Creo que era yo, todos ellos.
Landon gruñó.
-Algo encontró, que hizo que los dioses se disolvieran. Creo que ella no sabía lo que encontró, debe de haber estado apurada usando cada recuerdo doloroso para ver si me noqueaba con angustia. Algo encontró que hizo que los dioses se disolvieran y huyeran espantandos.
-¿Qué Lamuel era tu padre?
-Supongo que si. Eso era. No lo sabia apenas terminamos la pelea, pero desde entonces he estado pensando. Es raro, me siento muy diferente.
-Lo sabias?
-No, fue una sospecha, cientos de pequeños incidentes, que yo iba reprimiendo. Solo hable con Lamuel una vez, y su mirada era tan angustiada al verme. Fue en el funeral secreto de Bayeia. Los dioses me dijeron que Lamuel me temía, pero en realidad estaba angustiado de que yo no le creyera la verdad. Me lo dijo, en su enrevesada manera de hablar. Yo lo ataque con fuego y rayos. Sobrevivió, por supuesto, y poco después se infiltro y mató a mi madre.
-Realmente no me gustaría pertenecer a tu familia, hijo.
- Me sentí culpable de haberlo dejado vivo. Pero también aliviado, porque mi madre era… no teníamos la mejor relación. Y su muerte me convertía en el Mesias de Goan, no más regencia.
-Cuantos años tenías entonces?
-Yo? Doce años, trece?
-Barriste el suelo con el culo de Lamuel a los trece años?
-No presentó demasiada resistencia.
-Hijo, yo apenas tendía mi cama a los trece.
-Hemos sido educados de otra manera.

Paso mucho tiempo, pero ninguno sentía sueño ni había más que decir. Marak parecía nervioso; era obvio que estaba poniéndose al día con su mente. Landon descubrió que podía fijar los conjuros en su mente sin dormir, es este extraño reino.
Cuando salió el sol, Marak se levantó, se acercó y extendió la mano.
-Landon Donovan, devuélvame mi daga.
-Que pasa hijo?
-Vamos a terminar este duelo.
-¿De que hablas, hijo? No tienes tus poderes sacerdotales y yo tengo una pistola y mis conjuros. No vas a durar ni un minuto.
-Esa no es razón para detener el duelo. Terminémoslo.
-No voy a matarte a sangre fría, hijo.
-No, claro que no, será en defensa propia.
-No eres una amenaza.
-Que va a hacer, Landon, quedarse aquí sentando el resto de la eternidad? Este lugar no existe, es un campo de batalla y se terminara cuando el duelo termine. Deme la daga y terminemos esto.
Landon se encogió de hombros y le entrego la daga. Marak retrocedió unos pasos e hizo una reverencia. Landon continúo sentado.
-Hijo esto es ridículo. No estás en buen uso de tus facultades mentales.
-Soy uno por fin, Landon – Marak sonreía –Soy yo por primera vez, y te aseguro que estas en buen uso de mis facultades. Este será mi primer y verdadero acto consiente. Vas a quitarme el derecho de morir como un valiente.
-Pseee. – Landon se paro- Sabes que todo el problema es que ahora crees que no eres el hijo de Eli y por lo tanto no te consideras digno? Que los dioses no te quitaron su favor sino que tu de alguna manera renunciaste a eso?
-Sí, y que se pudran. Ya no quiero su poder. Ahora me doy cuenta que siempre quise ser un derviche. En guardia, Landon Donovan, usted ser mi primera víctima.
Landon vio al joven correr hacia el, la daga lista, el instinto asesino en sus ojos, y no le quedó otra opción que abrir fuego. El disparo se desvió y pego en el pecho; Marak trastabillo y cayó al suelo a sus pies.
-Maldición, maldición, maldición. Esto es ridículo. Marak, estás bien?.
Alcanzó a ver la sonrisa y los ojos vidriosos del hijo de Lamuel, y luego todo se disolvió en penumbra.

viernes, febrero 25, 2011

XXXIV:Mors tantum pro certo habet victoriam ut primas nobis tribuit aetatem

Armand continuo su movimiento y se estrello contra una pared. Era mampostería fina y la atravesó fácilmente, antes de darse cuenta de que podía frenar. Afuera, se detuvo en el aire.
Estaba en Tera. Las casas bajas, el Coloso de Tera a lo lejos. Mas puntualmente, la Calle del Carnero, en el barrio de la Vanguardia.
Mas interesante aun, era Tera veinte años atrás. El triunvirato había adoquinado esta calle hacia tiempo ya. La gente que pasaba por la vereda tenias chaqués, camisas de manga ancha, pelucas blancas y botas. Hoy en dia, preferian levitas, sacos, sombreros de copa y zapatones.
-No es real.
Armand se volteo. Parada en la terraza, Fleur lo miraba.
-Mira la gente. No nos miran. Somos invisibles para ellos. Esto es una ilusión.
-Fleur. -Se obligo a tranquilizarse. No podia atacar a una oponente tan serena.
Fleur realmente disfrutaba del paisaje y la fresca brisa de su ciudad natal.
-¿Crees que estemos aqui por mi? ¿Sera una representación de mi infancia?
-No lo se. Lamuel me dijo que al llegar aqui entraban en salones que se adaptaban a los recuerdos de las personas. Como los iludecks uleanicos. - Armand sintió que su furia se disipaba rápidamente.
-A mi me dijo que eran escenarios de Duelos. -Le sonrió a su antiguo amante. -¿Tenemos que luchar?
-Si. Vamos a luchar.
-Excelente.- La excitación le hacia brillar los ojos. -Hace tiempo que me preparo para este momento.
Esa sed de pelea le pareció a Armand tan digna de un karmigero. Pero el nunca la habia sentido. Aunque los años lo habían hecho duro y despiadado, no había sentido nunca el ansia de pelea física que estaba en todos sus colegas.
Sabia que en una pelea cuerpo a cuerpo, Fleur no seria un oponente. Pero aun así la estudió. Sus abuelos maternos habían sido compañeros de Landon, y según él, habían sido ambos excelentes espadachines. Su madre también era una espadachín excepcional, aunque en sus últimos años había abandonado la espada por el trabajo del político.
Fleur por consiguiente había nacido en una casa de una espadachina con mas riquezas que nadie en Kalan. Rabia aprendido de los mejores, incluso el viejo Barrabas, maestro de su madre, y del elfo Thyssias, maestro de su abuelo Courier. Su arma, Executrix, había sido encantada especialmente para su estilo de pelea por el mismo Maedrios, reencarnacion de Mandramas. Su semicoraza de esgrima había sido forjada especialmente por los Tres Forjadores, e incorporaba el mejor acero enano, la mas fina filigrana elfica y la mas poderosa fe goana.
Y su estilo... Fleur había derrotado ante sus ojos a uno de los peones de Charizar, un dragon dorado tan viejo como la misma ciudad de Tera. Pocos ataques de precisión bastaron, y el dragón se habia estrellado contra el suelo y no se levanto. No estaba muerto, claro. Fleur no mataba si podía hacer durar mas la pelea. Esa vez, Armand no le presto atención a la hazaña. Estaba acostumbrado a ver a sus amigos derrotar a los peores monstruos expeditivamente. Pero ciertamente, un dragón dorado anciano era mas de lo que un guerrero humano, por mas artillado y entrenado, pueda manejar solo.
Y al ver la seguridad con la que Fleur desenvainaba a la Executrix y la calma en sus ojos, se pregunto si no había subestimado a su antigua amante.
Claro que podría ser un bluff. Fleur era excelente en ello.
-¿Porque hiciste esto?
-¿Te refieres a armar un equipo de nuestros mayores enemigos individuales con vida, traerlos secretamente a la nave y dejar que se enfrenten mientras yo me apresuraba en llegar aquí antes que todos y convertirme sola en el nuevo Destino?
-Si.
-¿No es un poco cliché que el villano haga su exposición antes de la batalla final con el protagonista?
-No eres un villano. Enor es un villano. Metatron es un villano. Tu solo eres un peón.
-Gracias, yo también te aprecio, amor mio. Mientes muy mal. De todas maneras, Enor esta fuera de la competencia. Fuiste tu?
-Yo?
-¿Lo mataste?
-No. No se que sucedió con el. Hubo una explosión y desapareció.
-Ah, debe haber usado las botas de siete leguas. Debe estar por aqui, escondido en algun lado, buscando su momento para destruirnos. El hace esa cosas, sabes.
-Si. No fui yo. Tharloff lo enfrentó. Yo fui a buscar a refuerzos.
-¿No me digas que Enor te asustó, Armand? A ti, el poderoso Karmigero? Siempre supe que Tharloff tendría las pelotas que a ti te faltan.
Armand se encogió de hombros.
-Lo hizo bien, y casi pierde. Enor mató a Hitamo.
-Hitamo? Pobre gordo.
Un silencio. Armand seguia flotando en el aire, mientras que Fleur elongaba pisando el borde de la terraza. Unos cuervos pasaron croando y casi se estrellan contra Armand, como si no pudieran verlo.
-¿Porque hiciste esto, Fleur?
-Ah. No seas molesto, Armand. No voy a explicarte porque hago las cosas. Me dieron ganas. Queria reescribir la historia conmigo adelante. Porque convertirse en dios si puedes ir a algo mas grande?
-Podrias haberlo hecho sin tanta desidia. Ibas a venir aquí, y tendrias tanto derecho como cualquiera de ser el destino.
-Ah. Claro. Por lo menos tu y Hitamo estaban desesperados por ser el destino. Landon también, aunque a su manera, y no iba a oponerse abiertamente. Zeldon, el viejo Rusp, Tharloff, Casandra, Grana, a ellos les importaba un pepino. Solo vinieron por acompañarlos. Esto iba a terminar pasando, este duelo entre nosotros, solo que fue mas divertido y trajimos mas gente al juego. Ya basta. Quieres pelear o me tengo que subir encima como cuando eramos novios?
Armand se convirtió en un megaordomante (casi sin cambios de aspecto porque aborrecía esos detalles) y cargó. Fleur esquivó el puñetazo de Armand pero no su rodillazo y el golpe de reves subsiguiente. La armadura hizo su trabajo pero ella salio disparada al vació. Se frenó en el aire; pequeños alerones salieron de sus botas y voló hacia adelante, estoque en diestra. Armand desvió la hoja hacia arriba y de un rápido cuchillazo de karma la degolló.
Fleur cayó de rodillas, la mano en la garganta frenando la hemorragia. Pero repentinamente levantó su hoja en un angulo imposible de parar; esta penetró en el abdomen del horrorizado Armand y se detuvo al chocar con los homoplatos por dentro de su cuerpo. La espada entró en fase y despedazó sus costillas al emerger vibrante del pecho del karmigero.
Armand retrocedió y curo sus heridas con su karma. Fleur hizo lo propio con una estampita sagrada.
-Round tres - jadeó Fleur, y saltó hacia su enemigo, una segunda espada en la izquierda. Era una hoja arcoiris, que desplegaba múltiples rociadas prismaticas en cada mandoble.
Armand paró las dos hojas; Fleur giró sobre si misma y le clavó ambos tacos estilete en los hombros; luego rotaron ambos y la cabeza del karmigero se incrustó en la terraza. Este se hundió velozmente a traves del suelo, estrellando a Fleur contra el piso. Ella se volteó a tiempo para evitar una onda de corte que surgió del piso hacia arriba, seguida luego de Armand con un uppercut volador. Fleur lo atacó con ambas hojas nuevamente, y las giró en el aire esquivando las manos en guardia del karmigero y clavó cada hoja en un pie. Armand le atacó con múltiples puñetazos por todo el cuerpo; terminando en un uppercut del céfiro que la lanzó por los aires.
Fleur aterrizó a pocos metros del río, sobre el puerto. La gente se alejó rápidamente, pero sin mirar el cuerpo de la espadachina, que se puso de pie con elegancia y saltó lejos. Armand, usando una carga voladora en picada, se incrusto en el suelo a pocos centímetros, haciendo pedazos el muelle y deslizándose por el agua del río unos metros. Fleur agitó su espada arcoiris y llenó el rio de destructores destellos multicolores. Armand los esquivó con supina elegancia y se desplazó hasta su enemiga; con un solo dedo y un gesto de desdén golpeó la hoja colorida y esta se partió en astillas y voló por el aire. Fleur le propinó un mandoble descendente sobre el brazo izquierdo que casi lo corta en dos; Armand retrocedió y ejecutó una patada giratoria sobre el pecho de Fleur y la arrojó sobre un roble en el parque de los afectos perdidos.
Fleur aterrizó clavando sus tacos en la madera, y se escondió en el follaje. Armand disparó una ráfaga de bolas de energía azuladas que congelaron las hojas del árbol y las redujeron a astillas. Fleur ya no estaba allí. El karmigero atisbó el aire, buscando el rastro de karma y repentinamente sintió la hoja del estoque hundirse en su estomago; la tomó con la mano sana y y cabezeó el aire con fuerza; hubo un sonido metálico y Fleur se volvió visible, desarmada y retrocedió. Armand se quitó el estoque del estomago, lo arrojó al rio y atacó con un puñetazo helado; Fleur adelantó su mano enguantada, se arrojo al piso y piso el pecho de su antiguo amante, aprovechando su propia inercia para rodar ambos por el suelo. Armand se encontró boca arriba, con Fleur encima suyo, y un enorme estilete apoyado sobre el punto de su corazón que, según el antiguo sistema de acupuntura queuriana, controla todo el flujo del karma. En vez de asestar el golpe definitivo, Fleur le sonrió y lo besó con furia, mordiendole los labios. Armand se recuperó de la sorpresa y activó la velocidad de la oscuridad.
Moviéndose con la parsimonia que implica tener tu cuerpo acelerado a una velocidad relativista, tomó con delicadeza el estilete, que se partió por el impacto. Se levantó levemente, apoyando su pecho contra el peto de Fleur, que lentamente (para su percepción) salió disparada hacia arriba. Durante cinco minutos para su percepción, Armand reposó, curó la herida de su brazo, y luego lentamente se levantó. Fleur aun no había aterrizado. Armand voló sobre las aguas del río, encontró el estoque Ejecutrix que acaba de arrojar ahí, la levantó lentamente con su telekinesis de combate, y lo arrojó con toda su fuerza hacia el vació, en una curva adecuada para salir del planeta. Luego, vio que Fleur empezaba a aterrizar en la calle del Trianón, despedazando una carroza y sus ocupantes. Espero que las esquirlas se dispersen, se acercó caminando para ahorrar mana, desplegó su espada de karma, y la apoyó contra la garganta de la espadachina. Apago su velocidad de la oscuridad.
-Uau, eso fue bueno.
-Esta pelea ha terminado, Fleur. Rindete.
-Armand, amor, esa no es la forma de tratar una dama. Si eres tan fuerte y habilidoso, porque me amenazas a mi, un oponente caído y desarmado? - levanto las manos para evidenciar su estado desarmado.
-Tu acabas de hacerlo.
-No, te derribé en el proceso, y tu nunca estas desarmado. La velocidad de la oscuridad es una ventaja que no puedo igualar, y no hay nada que pueda hacer sin mis armas. Dejame que me levante.
Armand retrocedió. Sentía una furia creciente hacia ella, pero también una cierta desidia.
-Mi espalda me duele horrores. Suerte que tenia una armadura increíble, eso podría haber matado a cualquiera. De hecho, mira, mataste unos inocentes usando mi cuerpo como bala de mortero.
-No son reales.
-Lo se. Lo se. Dime, no te duele la cabeza?
Armand no respondió.
-Yo que tu, no usaría la velocidad de la oscuridad nuevamente.
Armand permaneció silencioso.
-Armand, cariñito, tenemos que hablar. Hay una cosa que te tengo que contar. Hace un tiempo, que yo y Tharloff... no, no, bromeo. Que cara que pusiste. En realidad fue con Enor. No, no, no eso. Dioses, como puedes creer que ese enano fisicoculturista... solo somos amigos. O aliados. Interesados en, digamos, tener recursos, métodos disuasivos contra gente como tu. Los magos, son fuertes, tu sabes, pero débiles fisicamente. Un buen asesino o un virote o un veneno. Punto. Pero ustedes, karmigeros... Son tan demasiado fuertes, y tan malos con las relaciones publicas. Basicamente desafían a todo el mundo para convertirse en blanco de su odio. Como quieres que no terminemos haciendo pogroms con sus familiares. Es natural.
Armand la miraba, aun en silencio. Fleur tomo un trago de poción curativa.
-En fin. Yo no estoy interesada en exterminarlos, de todas maneras. Son útiles. Eso se lo dejo a Enor. Yo, mas bien, queria guarnecerme. Aunque ustedes no lo crean, un guerrero bien entrenado, con un buen presupuesto en armamento mágico, es igual en peligrosidad en combate mano a mano con un karmigero. No, no te rias. Es en serio. Yo soy tu igual, Armand, puedo pelear contra ti de igual a igual y hasta matarte si tengo un poco de suerte. Bueno, a ti no, ya lo se, eres un singular inmortal, la la la. Pero te puedo derrotar. Solo tienes un arma contra la que no puedo ganar. No, no me refiero a eso. (risita). Hablo de tu querida, amada, adorada velocidad de la oscuridad. Enor descubrió que la Terminal tenia algunos usos alternativos interesantes, no se si lo experimentaste. Creo que el hecho de que hayas huido, tiene algo que ver, no?
Silencio.
-No importa. Te comieron la lengua los ratones, amor? No importa, era una figura retorica. Yo tuve que preparar algunas medidas extremas para evitar este problema. Encontré un enfoque interesante, una de las múltiples lineas de investigación que Enor desarrollaba. Sabias que tenia un asteroide secreto provisto por Starscream donde tenia cientos de sabios de todos los paises de Kraad desarrollado armas y métodos antikarmigeros? Uno de ellos, un somassin creo, diseño un veneno muy interesante. Es una neurotoxina, afecta los procesos cerebrales. Lo curioso es que es muy sutil, ustedes los karmigeros tienen maneras de percibir esas cosas, pero como no afecta nada nocivo hasta llegar al cerebro... Y según me aseguro el enano, es capaz de acabar incluso con la habilidad regenerativa de ustedes los ilustres Brankaster. Pero lo mas interesante es que la arremetida del veneno funciona especialmente rápido dado que es relativa a los procesos metabolicos de ustedes. Sabes que significa esto?
-No.
-Ehh, pense que te había hecho efecto y te había pegado por el lado del enmudecimiento. Significa, Armand, amor, que cuando usas la velocidad de la oscuridad, la velocidad de la luz o la velocidad de la sombrita de la playa, el veneno sigue activo, sigue afectandote. Para vos pasa una hora, para mi un milisegundo, y el veneno esta alli, comiendote la cabeza. No se a que me recuerda.
-Tu estoque estaba envenenado?
-No. Eso seria una solución eficiente. Pero no elegante. ¿Quieres saber donde esta el veneno?
-No estoy envenenado.
-Oh, lo estás, puedes apostar tu usado trasero xenoriano que lo estás. Enor me dio la formula del veneno, y sugirió un estoque envenenado, igual que tu. Nah, demasiado fácil. No, yo aposté a un método mas amplio. Pensé en un perfume. Pero el veneno no se asimilaba bien por los pulmones. Encontré que un sacerdote amigo y un pequeño pacto con un dios malvado, podián darme la habilidad de ser temporalmente cianuriana. Solo que en vez del exagerado, casi inmediato veneno cianuriano, tome este pequeño veneno sutil que me dio Enor.
-Cianuriana...
-Aha. Todos mis fluidos corporales son venenosos ahora. El sudor evaporado sirve como veneno, pero no es suficiente para una dosis respetable. Mi sangre en tu cuerpo es bastante mas eficiente. Los puñetazos sobre mi piel sudada hubieran sido deseables; lastima que usas esos ridiculos cuchillos de karma o las patadas; y que tenia que usar esta armadura para mantenerme viva. Deje mi cuello expuesto para ver si usabas una presa de extrangulación, pero usaste en vez el cuchillo de karma para degollarme. Igual, te salpique bastante sangre. ¿Y sabes cual de todos los fluidos corporales de un cianuriano es el mas toxico? La saliva.
La siguiente estocada de Fleur tomo por sorpresa a Armand, mas al ver que la hacia con un estoque idéntico al Executrix que acaba de lanzar fuera del planeta. Levanto la mano para parar el ataque. Fleur no redirigió el estoque; en vez atravesó el fuerte campo karmico protector, la palma, las falanges, el deltoide, el humero, las costillas y el pulmón.
Era un ataque perfecto y atravesó el punto del karma antes mencionado. Armand irradió por reflejo y Fleur salió disparada hacia atras, atravesando la pared de una taberna que acto seguido se derrumbó. El karmigero miraba su sangre y su karma escapandose a borbotones y cayó de rodillas, manoteando su cinturón buscando sus miyikos. Fleur se teleportó a su lado y con un gesto casual cortó con la punta del estoque la bolsita de las esferas karmicas, y las pateó lejos.
Armand entró en la velocidad de la oscuridad.
Fleur a su lado estaba subjetivamente paralizada. Toda su visión estaba apagada; lo normal cuando se usa la velocidad de la oscuridad dado que la luz no llega a los ojos a velocidad suficiente para formar imágenes. Por suerte, la percepción del karma no resulta afectada. Apenas le quedaba energía para un ultimo ataque, imparable a esta velocidad; ignoro las consecuencias y apuntó una carga mortal a un paso, contra Fleur. La velocidad de la oscuridad se apagó sola un instante antes de conectar pero la inercia de su puño era tal que era imparable. Su mano despedazó la armadura y penetró en la carne y no se detuvo hasta salir por el otro lado. Armand no retiro el brazo y la dejó agonizar a su lado colgando, sin mirar su rostro. Fue breve.
-Fue un buen bluff, Fleur. Casi me lo creo.
Tera se disolvió a su alrededor, como dándole la razón. En su lugar, una infinita planicie gris y chata. Busco la bolsa de los miyikos con la vista, ya que estaba totalmente exhausto de karma. Nada, quizás se había disuelto con el cambio de entorno. Una oleada de angustia lo inundó. Sin karma estaba totalmente indefenso para luchar contra el próximo enemigo. Había sido una victoria demasiado costosa.
Entonces sintió la primera, intensisima punzada en la nuca. El veneno era rápido, así que nunca llego a sentir la segunda.

domingo, febrero 06, 2011

XXXIII:Aequat omnis cinis

Garlond recupero la conciencia envuelto en una bruma de dolor. La cabeza le retumbaba horriblemente. Sentía sangre manar en su boca, y un gran dolor en las costillas. Su brazo izquierdo estaba anestesiado, y le ardía rabiosamente. Estaba boca abajo, y al abrir los ojos vio el empedrado.
Estaba oscuro, pero había algo de luz proveniente de un farol cercano. Intento levantarse. Sintió, por un lazo empatico que no podia ser cortado, la cercana presencia de Pietra.
-Pietra, estas bien?
Pietra balbuceó. No había aun despertado.
Garlond se maravillo de estar vivo. Lo ultimo que recordaba es haber usado una trampa contra Zeldon. Habia bajado todas sus defensas ectomorficas, el campo de existencia que separaba cada fantasma del mar de transconciencia que forma el plano etereo, la condensación de todas los despojos de las almas del plano material primario. Cuando Zeldon lo atacó en su forma eterea, se precipito sobre el, fusionándose brevemente en un par de almas en dispersión; y al hacerlo ambos perdieron el control de su forma eterea, y se precipitaron, en un remolino etéreo, al plano de los fantasmas.
-Amor, donde estamos
-No lo se. Deberíamos estar en el plano etéreo. Creo que estamos en una ciudad de algun tipo.
-¿Esto es Kraad?
Las casas cercanas eran de una arquitectura barata, un barrio bajo o residencial. Las casas eran de ladrillo, revocadas en gris.
-No. Estamos en el Erial Gris. -dijo una figura que se acercaba. Era un hombre alto, apuesto, de pelo rubio muy claro. Garlond tomo el pomo de su espada y se puso en guardia instintivamente porque la figura llevaba una espada. Pietra lo reconoció:
-¿Zeldon Naer?
-Si. Eso creo, madame.
Garlond sacudió la cabeza, incrédulo.
-¿El Erial Gris? Porque estamos vivos, tu y yo?
-No estamos vivos. Somos almas, en un plano exterior tenemos forma esencial, solida.
-Oh.
-Lord Naer, porque crees que esto es el erial gris? -pregunto Pietra- No se parece al Erial gris del que me han hablado.
-Ni yo. Pero lo siento en alguna parte de mi cuerpo.
-Es el Erial Gris. Pero luce como Sigil- admitió Garlond. - Yo también siento que no pertenezco aquí, siento el ímpetu de buscar mi propio camino a Arvandor. Es hacia allá - señalo unas callejas oscuras.
-No se supone que deberíamos sentir que el plano adsorbe todas nuestra felicidad y dicha y nos convierte en larvas demoniacas? - inquirió Pietra.
-No lo se, amor. Tampoco he estado aquí antes. ¿Zeldon?
-No. Los fantasmas rara vez cruzamos el mar del éter. La renuncia a los planos exteriores es irrevocable.
-Lord Naer, siempre quise preguntarle, porque cuando Metatron destruyó el Corazón de Hierro, porque siguió siendo un Fantasma? No debería haberse muerto definitivamente?
-No lo se, madame. Supongo que tanto tiempo luchando para evitar su tentación tuvieron su fruto. Los planos exteriores ya perdieron el interés para mi. Me resigne a ser un fantasma, apenas recuerdo haber sido un hombre como todos.
-No es tan difícil, amor. Aunque es difícil describirlo con palabras. Los idiomas de los vivos no han sido diseñados para expresar los sentimientos de los muertos.
-No digas eso, Garlond.
Caminaron un tiempo indefinido. Pietra empezó a sentir que el tiempo pasaba de una manera diferente. Sintió que habían caminado semanas en silencio, o quizás solo fueron unos minutos. Una incomoda sensación la empezó a invadir.
-Estoy empezando a sentir los efectos del plano, me parece.
-Si, también yo - admitió Zeldon.
-Busquemos refugio. Recuerdo haber leido que los efectos del plano se atenúan bajo techo, y ante la presencia de otras almas.
-Ese lugar parece adecuado.
El lugar era una taberna barata, como las que abundan en todas las ciudades de Kraad. Zeldon paso primero e inspeccionó. La taberna estaba repleta pero los parroquianos parecían tranquilos. Los tres viajeros pasaron. La incomodidad de Pietra cedió rápidamente y suspiro aliviada.
No había mesas desocupadas ni había asientos en la barra. Se quedaron en un rincón, esperando que se desocupe alguna. Garlond noto que un hombre encapuchado lo miraba, sentado solo en una mesa.
-Pietra, el hombre de la mesa contra la chimenea…
Pietra miro sin ver. Su percepción no podía ser engañada por ropajes o distancias.
-Es un drow. Flaco, no muy agraciado. Debe tener nuestra edad. Te esta mirando con mucho interés. Creo que te ha reconocido.
-Si. Yo a el tambien.
Garlond se adelanto, y camino hasta el drow. Sin apartar su mirada de sus ojos miel que relumbraban debajo de la capucha, tomo un taburete y se sentó a su lado.
-Hermano.
-Hermano. Han pasado muchos años, allá abajo y aquí arriba.
-Iluvatar nos ha reunido, por lo visto.
-Iluvatar no existe, hermano. Esta muerto. Vienen contigo esos viajeros? Llamalos, compartamos una comida.
Garlond llamo a sus compañeros con un gesto. Zeldon y Pietra se sentaron, reluctantes.
-El es mi hermano. Medio hermano. Su nombre es Menelgroth Valdarien. Sirve a la Diosa.
Pietra saludo con una inclinación de cabeza. Zeldon sonrió desafiante.
-El humano es Lord Zeldon Naer, de Xenoria. Es mas viejo que nosotros, pero lleva un par de siglos como fantasma.
Menelgroth lo miro con interés.
-Ella es mi esposa, Pietra del Silmarilion.
-Un placer conocer a mi cuñada. Eres un elfo afortunado, hermano.
-Asi es. No sabes cuanto.
-Veo lazos de empatia con ambos, sois compañeros de aventuras.
-No. Solo con Pietra- Garlond parecía avergonzado- Con Lord Naer eramos enemigos. O algo asi. En realidad nosotros fingíamos ser sus enemigos, y por su parte, el nos ataco controlado.
Zeldon frunció el seño.
-Los fantasmas somos vulnerables a ciertos sacerdotes…
Menelgroth gruño en aprovación y bebió un trago.
-Creo que el lazo de empatía se debe a que estuvimos peleando como fantasmas, ambos, y abrí mi defensas ectoplasmicas.
-Asunto peligroso. Se podrían haber fusionado.
-Solo en parte. Tengo… algunos de sus recuerdos en mi cabeza ahora. - admitió Garlond.
-Eso lo explica, Garlond. Me sentía extraño, esto lo explica todo…
-Le pido disculpas, Lord Naer, no tenia otro remedio. Usted iba a asesinarnos, tanto a mi como a Pietra, era la única manera.
-Has hecho bien, Garlond. Yo fui débil y fui dominado. No se repetirá.
-Que los trae al erial gris? No vinieron a quedarse, me parece.-Menelgroth escupió.
-No estoy seguro. Nos fusionamos parcialmente, e intente arrastralo al plano etéreo. y de pronto estuvimos aqui.
-Raro. Equivocaste la dirección?
-Que si cruzamos el plano astral y llegamos aquí, en vez del etéreo? Como podría eso ser posible?
-No lo se. Donde estaban cuando intentaste ese truco?
-Afuera de todo. En el sobreplano. Llegando a la rosa del destino.
Menelgroth lo miro con cara de desagrado
-Alli? Como llegaron?
-Teníamos una nave spelljammer, que se desplazaba por los planos, físicamente, tu sabes…
-Eso lo explica - Menelgroth se encogio de hombros. -Estabas afuera, querías entrar adentro, debes haber perdido el control en la mitad del camino y caíste aqui.
-Señor Menelgroth, puedo hacerle una pregunta?
-Las que desee, milady.
-¿Esto es el erial gris?¿Porque es una ciudad ahora?
-Ah. Bueno. Ya no se llama así. Es Hadeshtown, ahora. No es mas un erial. Es por la muerte del Destino.
-¿Que?
-Hermano, deberías saberlo. Los dioses están perdiendo su identidad, y eso es fatal para un dios. Sin un Destino, el principio del sentido de las historias se desvanece. Los dioses pierden toda teleologia y sus filosofías se vuelven una. En cuanto a los planos… bueno, nos estamos urbanizando. Sigil se expande. Los planos exteriores ahora son los barrios exteriores. Nos diversificamos. Tengo un slaadi de compañero y un tanar'ri en mi equipo.
-Eso es desagradable- admitió Zeldon, irónico.
-No tanto. Verán, llevo noventa y dos años en este negocio, pero apenas recuerdo como era antes… Debe ser esta porquería que bebo. No, en realidad es que los cambios son retroactivos.
-¿Retroactivos?
-Ustedes eran parte de esa expedición para reemplazar al Destino, verdad?
-Asi es- confesó Pietra.
-Aqui se corrieron muchos rumores. Baramir, un viejo conocido, me contó los detalles. No va a funcionar.
-Que no va a funcionar?
-Reemplazar al destino. O sea… -chasqueo la lengua- no lo van a lograr. El viejo se suicido, y se aseguro que nadie lo reemplace. O sea, el hecho de que te mueras no quiere decir que lo que has definido no quede en vigencia, si eres un Eterno.
-El Destino creo alguna regla para impedir ser reemplazado?
-Bueno. Aqui se dice eso. Por eso fallo la expedición de los Diez, hace sesenta años. Veras, aquí dicen que aunque el destino murió, de alguna manera las cosas que puso en marcha siguen en pie. Determinismo residual… pero se va disolviendo de a poco. Por eso el universo no se colapso ante su muerte. Al principio todo iba mas o menos igual, pero no podemos recordarlo, porque los cambios en algo tan importante como eso, son retroactivos.
-O sea, el universo no solo se esta muriendo, sino que cuando termine de morir nunca habrá estado vivo. - aporto Pietra.
-Aqui en los planos estamos experimentando eso, el pasado se reescribe continuamente, solo que no lo percibimos totalmente. Es como una sensación de despertarse cada dia en un mundo alternativo ligeramente diferente, pero tras haber soñado con el anterior. Bueno, la mayor parte de los extraplanares no duermen, pero yo conservo el habito.
-Hermano, dices que todos los cambios son retroactivos? Entonces, si alguno de nuestros amigos logran entronizarse.
-Kaboon. Este universo desaparece.
-Ah - Garlond palideció. - Y vamos a morir todos.
-No, claro que no. Puede que simplemente nunca hayamos existido. Mucho mejor.
-No soy un mago, no entiendo como puede pasar eso - Admitio Naer, molesto.
-Ah. Que es existir, Zeldon? No se puede definir. O existes o no existes. -
-Quien sabe, Xenoriano. Quizás este multiverso siga existiendo y el nuevo multiverso sea paralelo. En cualquier caso estamos fregados.
O el mundo se muere por decadencia multiversal.
-O uno de nuestros amigos se entroniza como un destino y destruye el multiverso y lo reemplaza por uno nuevo.
-O quizás nos quedamos en este mundo, sin saber nunca que paso.
-Bueno, eso no me parece tan malo - admitió Naer. -Dígame, Arcadia también esta urbanizada.
-Oh, por zonas. Las montañas me dijeron que aun son bastante agrestes.
-Creo que voy a partir para alli. Me parece que ha llegado la hora del descanso. Como debo seguir el camino?
-Hay un puerto allá fuera, a un par de bloques hacia el río. Tomate un ferry por el estigia, te dejara en Acheron.
-Nosotros… queremos volver a Kraad. Tenemos que reportarnos ante nuestro señor y darle las noticias.
-Estas muerto, hermano.
-Oh, no. Es decir, si, pero tengo facilidad para eso.
-Como quieras. Sigue hasta el túnel, encontraras algún portal por allí. Tomen estos salvoconductos. No van a tener problemas con el apunamiento gris, ni con los yugoloth. Son un poco impredecibles, saben.
-Gracias hermano. Espero que nos encontremos nuevamente.
-Si, tendríamos que reunirnos nuevamente.
Los tres se levantaron rumbo a la puerta.
-Hermano, Lord Naer, lady pietra.
Garlond se volteo a ver a su hermano.
-Gracias por haberlo intentado. Mejor suerte la próxima.
-Si es que la hay, Menelgroth. Si es que la hay.

miércoles, agosto 04, 2010

XXXII: Oculum pro oculo, et detem pro dente

El Guardián era un hombre alto y enjunto, de rostro afilado. Su cabello albino, ahora cano, se notaba solo en su bigote, ya que un gran casco drakking le cubría al cara. Su armadura era xenoriana, una armadura completa de placas de campaña. Y portaba una gran espada bastarda, que usaba sin dificultad con la mano diestra; en la mano izquierda, llevaba un enorme escudo corporal, hecha de un metal oscuro y opaco.
Landon no necesitaba usar magia para darse cuenta que el Guardián estaba armado hasta los dientes con objetos mágicos, probablemente artefactos. En particular la espada, que tenia en el pomo un gran orbe cristalino que brillaba intensamente. Tanto artefacto lo hacia extrañar a Stormbringer y Mourngun, aunque todavía tenia su pistola de resguardo, la anciana pero siempre fiel Dragonosa.
-La ultima vez que estuve aquí, Melwas, me recibiste con una daga entre los omoplatos- comento Mitrae - Esta vez por lo menos te estas anunciando.
Melwas miro a Mitrae en silencio, y luego volvió su mirada a Tharloff, Casandra y Landon; los tres estaban en guardia.
-Has traído a otros diez de nuevo.
-Asi es. Solo podemos pasar de diez en diez, verdad? - admitió Mitrae.
-Es extraño, pero si. Uno por cada sephiroth, supongo.
-Pero hay 9 sephiroths...
-En tu mundo solo hay nueve. En otros hay diez, y once, y quince.
Tharloff meditó que usar contra este oponente. Sabia que si vencía al Guardián en el primer ataque, aun usando todo su karma, su misión estaba prácticamente cumplida. Aun si luego tenia que luchar contra sus compañeros, como había predicho Mitrae, no le importaba. Su parte estaba hecha.
-¿Alguien desea luchar contra mi por separado? - invitó Melwas.
-¿Porque quieres luchar, señor Guardián?- inquirió Casandra. -No somos sus enemigos.
-Lo son. No habrá un nuevo Destino.
-Si no lo hacemos, el mundo morirá!- gritó Landon, nervioso.
-No. Solo cambiará. Aunque quizás no haya lugar para ti en él.
-En nuestros viajes, hemos visto la entropia y la degradación extenderse por múltiples planos, señor Guardián. Es un mal endémico del multiverso.
-Hay mas planos que los que los arcanes conocen, señora. Pero no voy a justificar mis actos, señora. ¿Vais a luchar todos juntos contra mi?
Marak aprovechó la pregunta para interponerse. En su mano, se materializo una daga, y cargó contra Casandra, a pocos metros. Pero Landon estaba atento, y le disparó a quemarropa.
Ambos desaparecieron.
-Dos menos - musitó el Guardián.
Casandra le hizo un gesto a Tharloff. Landon estaba bien, solo que se había teleportado por las reglas del plano, como Armand.
-Tu, el bárbaro, - comento Melwas, mirando a Tharloff - estoy seguro que deseas empezar, verdad?
Tharloff apretó los dientes.... y sonrió. Se relajó y abandonó la guardia.
-No, Melwas. Atacanos si quieres, pero no vamos a caer en tu trampa. ¿Quieres separarnos, verdad?
Melwas lo midió en silencio, decepcionado. Y luego sonrió salvajemente.
-No... no soy un Eleuteros. Eso no se aplica a mi.
Y adelantó el pomo de su espada. El orbe brilló intensamente y desprendió una explosión de energía telekinetica devastadora. Los héroes salieron despedidos, el suelo se abrió en escombros y la puerta se deshizo en astillas. Solo Mitrae permaneció en su lugar, sin ser afectada. Casandra, en los aires, levito a Raukion y Charizar, pero este rompió el hechizo, enfurecido y se polimorfizó a su forma dragón. Tharloff, furioso, cambio al estado de superkarmigero, y su barba rubia creció rápidamente.
Tharloff y Charizar atacaron simultáneamente, como en los viejos tiempos. Melwas se cubrió con su escudo, y repentinamente este cambio: se convirtió en una puerta de vacío negro, y empezó a atraer inexorablemente al Dragón y a Tharloff hacia el.
Tharloff entendió y conectó la velocidad de la oscuridad, y embistió a su amigo dragón hacia un costado, sacándolo del cono del atracción de escudo. El dragón chocó contra el suelo y abrió una zanja en el piso del jardín con su cuerpo.
Casandra concentró todo su poder telekinetico en una aguja y apuntó a la cabeza de Melwas. El disparo rebotó en su casco.
Mitrae miró por encima de su hombro, a un rincón vacío donde no se veía nada. Sonrió, y luego hizo un gesto. Un llamarada se concentró en una lanza de luz, que Mitrae tomo, y cargó contra Melwas.
Melwas saltó unos siete metros, sin duda ayudado por magia, y aterrizó, levantando escombros, junto a Tharloff. La espada flameó hasta el drakking, que levantó su antebrazo escudado con karma, y paró el golpe. El orbe del pomo resplandeció, y Tharloff fue golpeado por un ariete invisible y arrojado varios metros hacia atrás.
Charizar disparó su aliento de fuego contra Melwas, quien se escudó con indiferencia. El escudo absorbió el fuego.
-Dama Casandra- susurró Raukion. - Disculpe, pero creo que tenemos un adversario a nuestras espaldas.
-Ahora no. Tengo que encontrar un agujero en ese campo protector psionico...
-Esta invisible, pero pude escuchar sus pasos. Ademas, Mitrae lo miró, y hablo de diez personas... tiene que haber otro personaje invisible.
Casandra se concentró en una grieta en el escudo mental, y penetró en la Mente de Melwas. Durante un segundo, que en el plano astral son varios minutos, busco un punto de infleccion. Encontró su triste historia, y la guardó para referencias futuras. Pero entonces, Melwas detectó su presencia. Con una fuerza de voluntad inaudita, increíble en un simple guerrero sin preparación, expulsó a Casandra, quien tuvo que cortar el vinculo con gran dolor y cayó sentada.
Mitrae atacó con su lanza. Melwas paró con el escudo instintivamente; y un bucle de espacio tiempo surgió de ambas.
- ¿Germinal Spear? - Melwas miró horrorizado a Mitrae.
- Tranquilo. No vamos a explotar.
El escudo de Melwas se partió con una sonora grieta. La punta de la lanza de Mitrae salió volando por los aires.
Melwas contraatacó con su espada en una estocada, y atravesó el pecho de mitrae.
Mitrae escupió sangre, y desplegó dos alas de su espada. Una estaba cubierta de plumas, pero la otra era cartaginosa. Aferro con su mano derecha la hoja que aun lo atravezaba, y su mano izquierda se volvió una zarpa enorme que aferro del cuello a Melwas.
-Arriba. - gimió Mitrae, y salio disparado hacia el cielo, junto con Melwas.

Casandra miró hacia arriba, y vio a las figuras alejarse en el cielo nocturno sin estrellas del Jardin.
-¿Que decias, joven kensai?
Raukion miro hacia atrás, miro a Casandra y arqueo las cejas.
"¿Me permites leer tus pensamientos?"
"Exacto. No debemos hablar pero tenemos un personaje atrás, invisible. Siento su presencia"
"Yo no".
"Quizás puede escudarse de su lectura mental, señora"
"No creo que eso sea posible"
"Señora, usted me curo, asi que le debo un favor"
"No me debes nada, Kensai. Veo que tu nombre es Raukion"
"Señora, esa persona esta aquí y es sin duda un enemigo. Un aliado no se habría mantenido invisible"
"Quizás solo sea un observador neutral"
"No es honorable espiar a la gente invisible. Permitame que me lo lleve"
"¿Quieres atacarlo? Pero estas desarmado, Raukion"
"No del todo señora. Fue un placer haberla conocido"
Raukion se dio vuelta repentinamente, y dio una patada giratoria al aire vacío. Repentinamente desapareció. Charizar se poso junto a Casandra.
-¿Uno menos, verdad? Que paso?
-Parece que teníamos otro polizón. ¿Vamos arriba a ver la pelea?
-Tengo las alas rotas.
-Tharloff ya se fue persiguiéndolos. Esperemos que bajen. ¿Estas herido?
-Solo en el orgullo.

-Aquí no hay atmósfera en el sentido que hay en Kraad, Mitrae. No vas a asfixiarme.
-No lo intento. Probablemente matarte solo hará que resucites cerca de alguna filacteria o algo asi, verdad? Alejarte de los eleuteros es mejor opción.
-¿Estas todavía enfadado porque esa vez te saque del juego en la primera jugada?
-No era exactamente yo.
-Sabias demasiado. Podías guiarlos a tener éxito. Eras la mayor amenaza.
-Casi tuvieron éxito.
-Si, les gane con el ultimo truco de la manga.
-Lamuel nunca se recuperó de esa derrota.
-Si, veo que vino por la revancha. Antes de deshacerme de ti, tengo una pregunta.
-No puedo hablar acerca de los dioses.
-No, no. Mas mundana. Se supone que si un campo terminal y un campo germinal chocan, hay una gran explosión, no?
-No. Eso era solo una hipótesis de Mandramas.
-Pero, Enor y Ander destruyeron Xendria. Terminal Blade y Germinal chocaron y toda la ciudad fue destruida...
-No fue asi. Enor fue el que estalló.
-Con su poder singular, dices? Si no fue un accidente, entonces es un genocida!
-Claro. Ahora, ibas a intentar deshacerte de mi?
-Si.
El orbe se iluminó con la fuerza de un sol, y luego estalló.

lunes, agosto 02, 2010

XXXI:Vivere militare est

Ocho héroes se materializaron en el Jardin del destino. Ocho sus rostros desafiantes.
Primero era el Hombre sin Muerte, Armand Brankaster. Durante años había esperado este momento. Ahora, al ver el jardín del destino, lo sabia por primera vez. Sabia que no podía morir, heredero de alguna extraña maldición de su padre. Había pasado por el abismo de la amnesia, por la crueldad y la traición, el amor y la amistad. De alguna manera, intuía que este momento seria el mas importante de su vida, y se reflejaría hacia el pasado y el futuro.
Segundo era la Dama de Beige, Casandra. Contaba ya con tres siglos; pero su rostro era la de una mujer apenas entrando en la madurez. Su expresión era de pesar. No deseaba estar aquí. Estaba porque las circunstancias la habían llevado. Porque no podía dejar al grupo solo sin nadie que los curara, les ayudara a pensar, les diera un último empujón. Amaba a Armand, aunque sabia que Armand jamas sería el hombre que ella amaba, y esa certeza era la cruz de sus días.
Tercero era el que fue un Morgest, Raukion. El elfo estaba desinteresado, pero obediente. Su vida ya no tenia sentido. El objetivo al que había implícitamente dedicado sus días había demostrado ser inalcanzable. Ahora tenia su vida y no la quería, pero tampoco tenia como deshacerse de ella. Un queuriano se hubiera suicidado sin mas. Pero Raukion era un elfo, y los elfos no se suicidan; el miedo a la muerte es la sal de su sangre, y el haber sido criado entre queurianos no le quitaba vigor esa realidad.
Cuarto, vigilando de cerca al anterior, era el último Bárbaro, Tharloff Ulurund. Pensaba en sus colegas caídos, y se preguntaba si el poder del Destino seria suficiente para deshacer toda esa mala pesadilla en la que estaba metido. El, que por sangre y cultura debía despreciar la vida y abrazar la muerte, odiaba esa realidad cotidiana de tener la certeza de que nunca mas veria a los que lo habían dejado por los planos superiores. Esa pequeña esperanza de revertir todo, lo hacia moderadamente optimista.
Quinto, era el Rey de los Dragones, Charizar. Su aspecto era penoso. Sus alas rotas y desgarradas colgaban muertas de su espalda, la mitad de su cara era una gran cicatriz y le faltaban varios dientes. El arte de Casandra lo había arrancado de la muerte, pero las heridas que Grana le había infligido eran mas profundas que las de su cuerpo. No sentía dolor, empero. Estaba aquí sin saber porqué. El haber salvado a su amigo Tharloff de la espada de Enor de alguna manera le había hecho recordar cosas mas antiguas, cuando era joven y enamorado y viajaba por el mundo buscando oro y diversión y respeto. Quería que las cosas volvieran a ser así, se dio cuenta, a pesar de todo lo que había hablado con Enor en su momento. Quizas que la historia se vuelva a contar no sea tan malo.
Sexto, era el Señor del Goan, Marak, hijo de Sif y el Profeta. Su rostro estaba deformado por una feroz mueca de odio. Desde su pelea con Landon, su batalla interna contra Casandra, y el toque purificador-putrificador de Mitrae, las voces que siempre le hablaban habían callado. No estaba mas el vozarrón de Allamud instando a la violencia, el calmado susurro de Huzba ordenando su mente, el grito de guerra del Mercenario Zazoah, la prudencia de Haor. Sin sus voces, al parecer Marak tampoco podía acceder a los milagros que le habían solucionado tantos caminos. Peor aun, había perdido su fiel cimitarra y su creciente en la lucha, así que estaba totalmente desarmado. Pero encontraría la manera de hacer pagar a los perros paganos su afrenta.
Séptimo, sin perder de vista a los dos anteriores, era el Surcador de Estrellas, Landon Donovan. Sentía que su misión había terminado; tenia que traerlos aquí y lo había logrado, aunque la ultima parte del viaje habia sido sin su nave. Solo quería que todo termine pronto, para organizar una búsqueda de Zeldon (¿estaría en el plano etéreo? le pareció ver un remolino etéreo justo antes que desapareciera, junto a Garlond y su esposa Pietra), construir una nueva nave spelljamer, volver a su vida como navegante. O quizás retirarse, comprarse una hacienda en Xenoria y manejar cabezas de ganado como en su juventud. Su vida se habia extendido gracias a la magia y a los viajes por el espacio exterior, pero al fin la vida lo habia alcanzado.
Octavo, era el Nuevo Pacto, Mitrae. Él, que era uno y fue dos, pensaba en las extraños circuloquios de su vida mortal e inmortal, que lo habían llevado aquí. Si eso no era obra del Destino, donde esta el Destino? Percibía en su caso, y en su viaje actual, la mano de un Autor, alguien que había acomodado las situaciones de tal suerte que todo estaba acomodado para una nueva apoteosis, o un nuevo fracaso.

Dos mas eran, pero estaban ocultos, usando la magia y el sigilo.

La Puerta del Jardin del Destino median varios metros. Sin embargo, no estaba construida sobre ningún muro, sino que se alzaba en el medio de un patio con forma de circulo. Sobre la puerta estaban grabados unos círculos enlazados por lineas rectas. Armand los reconoció: era el arbol de la vida de los Sephiroth, el puntal de la magia de los invothak.
Lamuel había dicho bastante, y la lectura posterior de la biblioteca de Landon le habia permitido ampliar sobre el tema. Cada circulo representaba muchas cosas; básicamente eran los estados posibles de la realidad, pero también las etapas de toda historia, así como los atributos o emanaciones de Yesof, el dios único de los Invothak, la emanación prístina del universo como un todo. Lamuel había sido claro: Solo se puede alcanzar la Corona si se recorren todos los Sephiroth. Sin embargo, no era claro como recorrer cada uno; al parecer eso era una experiencia altamente subjetiva.
Malkut, o el Reino, era la primera de las etapas. El origen de todas las historias, pero también el mundo real, y también el atributo del dios que llaman Equs. Tres caminos parten de Malkut, segun la iconografia tradicional. El camino directo, el camino de la acción, iba directamente Tifein, o Tif'eret, la Belleza, el sephiroth de la belleza, el amor y la tragedia, el atributo de Nebel. El camino de la esclavitud, por otro lado, llevaba a Urket, o Netzach, la Victoria. Un plano de emoción, carga, y devoción, tradicionalmente atribuido a Telferas. Finalmente, el camino de la libertad, llevaba a Okab, o Hob, el Esplendor; el Sephiroth de la inteligencia, la comunicación y la información, todo lo cual apuntaba, por supuesto, a Iot.
Armand era una persona practica, y todo ese palabrerio que había aprendido de memoria le daba vueltas en la cabeza. Esperaba que hubiera tres puertas marcadas, y que se le simplificara la cuestión. Pero solo había una única gran puerta, con esos símbolos. ¿Acaso seria la entrada al primer Sephiroth, Malkut?
-No. El Jardín es diferente en cada visita y el método para recorrerlo cambia también. Siento que esta vez, de alguna manera sera el combate, la confrontación y el agon lo que definirá que ruta recorremos.
-Entonces, si luchamos contra un enemigo, estaremos recorriendo una ruta.
-No hay enemigos. Solo oponentes.
Armand miro a Marak, Charizar y Landon, que caminaban atrás suyo. Ellos eran enemigos, pensó.
-Por cierto, donde esta Pirothess? Y el décimo eleutheros que mencionaste?
-Esta aquí con nosotros.
Armand maldijo y conectó el sexto sentido. A cuatro metros, caminaba Pirothess, sola, con su estoque desenvainado, e invisible. La ira lo inundó, conectó la velocidad de la oscuridad, y arremetió contra la kalanite. Vio que ella abrió los ojos sorprendida, y entonces desapareció. Y él también.
-Armand! - gimió Casandra. Había sentido la emoción del karmigero. - ¿Tharloff, que pasó?
-No lo sé, conectó la velocidad de la oscuridad y desapareció…
-Está ahora en Tifein. Ha seguido el camino de la acción. - meditó Mitrae.
Casandra se acercó arremangandose a la entidad.
-¿De que cuernos hablas, Megalreanna? Vas a explicarmelo ahora o sacaré todo lo que sabes de cabeza.
-No puedes, y lo sabes. Tu habilidad no sirve con seres extraplanares.
-Megalreanna… -intervinó Landon.
-No, soy Mitrae, y no soy su amigo o enemigo. Escuchad. El Jardín tiene reglas y esta es una de ellas. Si luchamos entre nosotros, y quizás, si luchamos contra el Guardián o contra las ilusiones que crea este lugar, seremos llevados a un estadio de existencia diferente, siguiendo el patrón de las sephiroths que están aquí grabadas - apuntó a la puerta. Nuestro objetivo es llegar arriba, al punto conocido como Kaether.
-Recuerdo ese nombre… luchamos contra ese tipo, Sephiroth. - comentó Tharloff
-Si, ese fue el paso crucial de su aventura entonces, lo que llamamos Achab;-continuó Mitrae - ese Sephiroth con el que lucharon era una emanación de ese concepto. Armand atacó a Fleur Noir, asi que el jardín los aisló en Tifein, en este sephiroth.
-Maldita perra. Vamos a ayudarlo. Estamos todos en esto.
-No es tan simple, Casandra. Los caminos a veces no pueden ser recorridos deterministicamente.
-Dices que si te ataco, nos moveremos.
-Es ambiguo. Si me atacas, en cierto modo lo haces porque estas esclavizada en tus sentimientos a Armand, asi que eso te llevara en vez a Urket. O quizás, te quieras liberar de mi, y por lo tanto, te llevara Okab. O quizás sea tu respuesta a la acción y te lleve a Tifein, pero nada garantiza que sea el mismo Tifein de Armand… cada uno de nosotros tenemos nuestro propio árbol de la vida.
-Todo esto no tiene sentido, Megalreanna. - acotó Landon - ¿Tenemos que tirotearnos entre nosotros para llegar al final de esto?
Un voz surgió del fondo de la puerta cerrada.
-Quizás deba ser así, Landon Donovan.
Todos se pusieron en guardia, mientras la puerta se abría. Una luz cegadora surgió de ella, y una figura humana aparecio en el portal. Vestia una armadura gris, sin casco, y su rostro era inhumanamente decidido y firme.
-Bienvenidos a la Rosa de los Cielos, Euleutheros. Soy el Guardián, Melwas Igraine.

sábado, julio 24, 2010

Capitulo XXX:Timeo danaos et dona ferentes

El mareo empezó a ceder, lentamente. Abrió los ojos.
Aun estaba sentada. Era de noche. No había estrellas, pero había algo que se asemejaba a la luna. Su luz plateada le mostraba un camino, un sendero que se internaba en un jardín plateado. A lo lejos, un arco marcaba el inicio de un palacio.
Pero no podía moverse.
La jaqueca era muy intensa. Miro hacia sus manos, y encontró que sus manos estaban atadas fuertemente a la silla.
Hizo memoria. Ella era Fleur Noir, Pirothess, la Triunvira de Kalan. Había tomado una poción para dormir fuertemente, para evitar las horribles alucinaciones a las que se enfrentaría moviéndose hacia los planos superiores a una velocidad mucho mayor que la que el gomerghast había alcanzado. Sin embargo, el truco no funcionó: sus pesadillas fueron intensas, horribles. Se vio violada por los miembros de la liga del carnero, destrozada por Metatron, envuelta en llamas en los pozos de brea del Goan. Derrotada en un alarde de esgrima y maestría por su madre.
Pero esto era real.
Alzo la vista. La cúpula estaba abierta. Lo que significaba que la nave de escape había aterrizado con éxito. Landon estaría orgullosa de su juguete. Forcejeo sus ataduras; estaban firmes. Nunca había aprendido a liberarse de ataduras, algo que gente como Tierry intentaba enseñarle una y otra vez. Pero nunca había necesitado hacerlo. Busco a tientas sus anillos mágicos, pero no estaban en sus dedos. Su estoque dorado, Executrix, también faltaba. Ni su medallón protector. Ni sus brazaletes teleportadores. Ni su tobillera deflectora. Tampoco sentía su daga cercenadora, que siempre guardaba en una vaina liga, entre sus muslos. Había sido despojada de todos sus objetos mágicos.
Eso realmente la asusto. Era demasiado orgullosa como para gritar o gemir. Maldijo en el kalanes mas sucio que conocía. Se debatió, tratando de romper la silla. Fue inútil, no era una simple silla sino un sillón de mando, y Landon la diseño siguiendo los mas estrictos criterios de robustez.
Mientras se sacudía tratando de zafarse, cerro los ojos. Y cuando los habría, él estaba ahí.
Se sorprendió al darse cuenta de que esa figura embozada siempre habia estado alli, a un par de metros. Vestía todo de negro, terciopelo con arreglos dorados, una larga capa con sobrevestes en las que escondía sus brazos y piernas, y una mascara de caoba oscura, sin agujeros para los ojos. Sus cabellos eran negros, con rizos entrecanos.
Sabia algo en su figura que lo hacia pasar inadvertida, su aspecto monocromo y su inmovilidad total, como una estatua, y su carencia de rasgos, de manos o rostro. De hecho, descubrió Fleur, horrorizada, mirarlo de frente, enfocar su mirada en el le hacia doler la cabeza, y si desenfocaba, rápidamente la figura desaparecía, mezclada con el fondo dorado.
Fleur recupero su sangre fría y lo miro con desprecio.
-Melwas Igraine, se quien eres. Muéstrate tal cual eres ante mi. Yo soy Fleur Noir, heredera de Kappa, y te lo ordeno.
La figura camino dos pasos, y alzo el rostro enmascarado. Esto le dio un escalofrió, era como ver moverse una estatua, tal era la inmovilidad. Sus brazos surgieron de entre su capa y su mano enguantada se mostró ante Fleur, en un saludo reverente.
-No soy el Guardián de este Reino, mi señora.
Fleur, con gesto helado, replico:
-¿Quien eres, enmascarado? Revelame tu nombre y despojate de tu mascara.
La figura camino dos pasos mas, como pasos de baile, hasta estar a un palmo de Fleur y dijo.
-Soy, mi señora, el ultimo sobreviviente de la anterior expedición a este Reino. Mi nombre es Lamuel Gusack.
Fleur abrió los ojos, desvalida del asombro. ¿Gusack?
-Antes que pueda decir nada que la perjudique en su futuro mas inmediato, mi señora, le ruego me perdone el haber tenido que usar estas medidas contra usted - señalo las ataduras - Se me ha referenciado que su temperamentalidad e impulsabidad es solo opacada por su belleza y talento con la espada; espero que no se tome como una afrenta irreconciliable esta actitud. Son, sépalo, mas bien una protección contra si misma.
Lamuel se alejo y comenzó a caminar por la habitación.
-No hay nada que yo pueda hacer que pueda lastimarlo permanentemente, Lamuel.
-Exactamente a eso me refiero, mi señora. Pero mis planes pueden ser troncados por una actitud poco receptiva de su parte, asi que me he tomado la cruel responsabilidad de obstruir temporariamente su movilidad, así como despojarla de todo recurso de naturaleza arcana para recuperarla. Sus pertenencias le serán entregadas, mi señora, una vez que mi exposición sea completada.
-¿De que habla, Lamuel? Usted va a matarme.
-No si puedo evitarlo, mi señora. No he venido a este mundo a ultimar a la mejor espada de Kalan, sino a otros destinos quizás menos mundanos. Sea cual sea el resultado de mi exposición, mi señora, le devolveré sus posesiones, y usted estará en libertad.
Fleur asintió en silencio.
- He esperado este momento que vivo hoy desde hace sesenta años, de los cuales al menos treinta los pase en el fondo de una prisión enana, como usted bien sabrá. Aun lo recuerdo como si fuera ayer. Fui alzado a esta extraña suprarealidad con el único objetivo de alcanzar el poder mas absoluto que jamas pude encontrar entre mortales y fui derrotado. Una cruel barrera se interpuso en el único deseo de mi corazón, la capacidad infinita de reescribir mi historia y todas las historias de este ingrato mundo. Yo soy, de todas aquellos libres que caminaron por este jardín, el mas capacitado para ocupar el Trono de los Eones, porque el Rey de las historias, y del arte. Y la vida, querida, no es mas que una gran Historia; como pretender negarme a mi el derecho a ser el gran Autor? Se que usted también tiene ese deseo ardiendo en su corazón, pero sepa, que su ingratitud hacia su progenitora no le da el derecho a reescribir la historia solo por eso.
-Eso no cierto, mi querido Lamuel, soy una mujer, no la hija de mi Madre. Me insulta usted al poner a mi relacion con ella como el fin de mis actos!
-Puede que no sea así, entonces, que la trajo aquí?
-Lo mismo que me llevo una y otra a ves a cada sitio en el que estuve; el Poder.
-Conozco la sed de Poder, también ha sido un permanente atractor en los pasos de mi vida. Y sin embargo, no es cierto. El Poder no es un Fin; es un Medio. Yo busco el Poder desesperadamente para limpiar mi conciencia de una, dos, múltiples traiciones, mías y de mis seres amados. Usted busca el Poder porque desea superar totalmente a quien brillo con tanta firmeza que usted no pudo opacar.
-No podrá manipularme con tan viles insultos. Soy una Triunvira de Kalan, no voy a caer en la indignidad responderle en los términos que se merece.
-Su negativa, mi señor, asi como su falta de argumentos me da la razón.
-Usted mismo se la da, mi señor. No puedo contestarle como me gustaría, no con mi boca sino con mi acero.
-Mi señora, gran triunvira, lamento pronunciar esta frase aquí, pero la Verdad siempre triunfa: es usted predecible. Cualquiera que haya tenido trato con los cortesanos de cualquier reino puede ver venir sus conspiraciones a leguas de distancia.
-Pues creo que mis conspiraciones han tenido éxito en gran medida.
-No en este caso en particular; le recuerdo su vulnerable estado, mi señora.
-Mis rivales se están masacrando en una nave aislada a medio universo de aquí; yo calificaría a eso de una victoria para mi causa.
-Eso, mi señora, no es su victoria. Es la mía.
-¿Que?
-Mi señora, la verdad sera develada en este acto. Nadie se llame a engaño; yo soy el artífice de esta, que seria su gran victoria. Me propongo un breve recuento de mis actos: yo dormía en el fondo de una torre cuyo nombre aun me disgusta, Minas Orion. La doncella que llaman Casandra y una enana de gran valor, cuyo nombre es Grana, me rescataron de esa mortalidad. Fui transportado a una fortaleza llamada Zion, en lo mas profundo del Inframundo, donde Casandra demostró una gran habilidad en restaurar mi debilitado cuerpo. Un hombre que llamamos Armand, aquel que alguna vez fue el objeto de su mas traicionero amor, entro en mi mente y me pidio información acerca de una infausta empresa. Su objetivo: ocupar el vacante puesto del Destino. Sabia de mi anterior aventura, y deseaba detalles acerca de como completarla con éxito. Tamaña insolencia me enfureció, aunque me cuide bien de demostrarlo; el, un miserable y autoritario, totalmente incapaz para el gran arte que requiere ser el Creador de las Historias, deseaba el Libro del Universo? Coopere con él, sin embargo, gane su confianza. Le revele los secretos de las Sephiroth, secretos que solo los invothak recordamos (y que Melwas, como nieto de Invothaks, recuerda también). El me revelo, a su vez, una terrible sospecha. Sus actos, mi señora.
-¿Que?
-¿Creyó usted, sinceramente, que podía traicionar a sus compañeros y ellos ser incapaces de percibir su traición? ¿Creía usted realmente que podía ocultar su mente a una Telepata como la dama Casandra, a quien tengo en alta estima? ¿Cree que Armand, un paranoico, no espera siempre una traición? Armand sabia de su traición. Casandra penetro en su mente y leyó quienes lo atacarían y sus planes.
-No puede ser, escude mi mente...
-Eso fue quizás lo que más le llamo la atención; sus escudos eran tan ostentosos en el plano astral que cualquier telepata se sentiría tentado a romperlos tan solo por curiosidad, mi señora. Usted sobrestimo a sus aliados.
-Pero había genuina sorpresa en ellos.
-Mi historia no termina aquí. Como le dije, mi larga exposición de los secretos del destino hizo que Armand confiara en mi, y me revelara su esperada traición. Yo encontré una oportunidad para participar en este juego.
-No puedo creer que usted...
-Yo. Use mis artes para borrar toda sospecha de la mente de Armand y Casandra. Admito que lo segundo no fue facil; admiro a la Dama por su habilidad. Mientras usted se esforzaba por reclutar a los miembros de su conjura, yo me ocupaba de borrar sus pasos. Nadie volvió a sospechar, mucho menos Armand, aun sujeto a mi sugestión. Viaje por el mundo y me prepare; cuando el viaje partió, me ocupe de entrar a la nave a la vista de todos, como una manera de ser lo mas eficiente posible. Tome la forma de Magetrain Kaldurion.
-¿Que?
-Mi señora, el divino Magetrain, si estuviera vivo, hubiera sido capaz de barrer por el piso a todos usted con algún conjuro ofensivo. Me limite en magia ofensiva es ciertamente mas bajo; de todas maneras, mi objetivo era entrar a la nave, y al mismo tiempo, abrirles el paso a los reinos.
-Yo misma traspase el cuerpo de Magetrain con Executrix!
-Mi señora, usted fue victima de una cuidadosamente orquestada ilusión. Diga la verdad, ¿cree que un mago con el poder que acaba de poner en jaque a tres karmigeros caería con una simple estocada a la espalda, tenga o no acupuntura?.
-¿Porque no? No seria la primera vez...
-Puede que tenga razón. Usted no lo ve, pero estoy sonriendo. Mi estimación fue que la Dama Casandra cuidaría de cualquier herido; fingir ser derrotado por los karmigeros solo haría que queden de mi restos humeantes, o ser cortado al medio por el hacha de Grana o la katana de Zeldon o el Sable de Zeldon, incluso, solo haría de mi un cadáver, y aunque puedo fingir la muerte con considerable éxito, llamaría la atención que mi cuerpo, ilusión o no, comienza generar piernas por si mismo aun después de muerte. En cambio, una estocada, por mas letal que fuera, es solo una herida pequeña, que justificaría un herido mas o menos entero que Casandra podría dejar en una enfermería en vez de enterrar al pie del arbol treant.
-Yo podría no haber atacado!
-Y yo podría haber improvisado otra cosa. No se enfade usted; esta en compañía de gente muy meritoria que ha sido igualmente embaucada por mi. Prosigo con mi historia; los terrores de la ascensión no fueron nada para mi; peores tengo todos los días al dormir. Cuando Casandra se retiró de la enfermería para ayudar a sus aliados que estaban siendo atacados por Enor y su banda, me deslice a esta capsula de escape, asumiendo que usted tomaría el mismo camino. Mi razonamiento fue exacto; incluso, su breve pelea con la Dama Pietra, a quien tengo en alta estima, me dio la oportunidad para deslizarme, invisible, a esta nave frente a sus narices. Usted vio lo inadvertido que puedo pasar si lo deseo. Así termina mi explicación acerca de como hemos llegado a este lugar. Huelga decir que su ingeniosa idea de dormir para ahorrarse los terrores de la ascensión me facilito las cosas. No me costo inmovilizarla. Por cierto, ¿el sueño alertargó sus pesares?
-No.
-Lo imagine. Creame, es un fenómeno que conozco sin necesidad de viaje planar. Ahora, mi señora, ha llegado el momento de la verdad, el summun de mi exposición. He llegado hasta aquí con su mismo objetivo; y esta es mi oferta. Ante nuestro objetivo queda al menos un obstáculo; el Guardian, Melwas Igraine, y es muy posible que los otros ocho candidatos a Destino se materialicen en cualquier momento aquí. Este es mi plan; una alianza entre los dos para detener al guardián y a los otros candidatos. Juntos, seremos invencibles; necesito un agente visible, mientras me mantengo en las sombras y comploto desde alli. Usted, con su gran Visibilidad, seria la distracción perfecta.
-Y entonces, me destruirías en el momento preciso cuando hayamos eliminado a los demás.
-Asi es. Es una desgracia, pero no queda otra opción. No se puede subir al trono del destino sin eliminar a todos los otros libres como usted o yo. Por lo tanto, querida, seremos aliados, pero puedes esperar con total certeza de mi una traición.
-Y tu puedes esperar una de mi.
-Nada me sorprendería menos que usted me traicionará, mi señora. Me honrara con tal acto.
-Hermano Lamuel, trato hecho. Ahora, sacame de estas putas ataduras.
-Levántese usted misma, mi señora. Son ilusorias.

viernes, junio 04, 2010

Cuentos de Kraad XXIX: Numero deus impare gaudet

El poder curativo es uno de los misterios del universo. ¿Por qué esta universalmente vedado a los magos? ¿Por qué solo los sacerdotes pueden ejercerlo? Es una limitación ineludible. No hay otra cosa que la Magia no pueda hacer mejor que la Fe; sea abrazar con fuego caído del cielo, sea moverse por reinos mas allá de la realidad mundana, sea incrementar la fuerza y el poder de un aliado; sea animar a un cadáver con esa extraña parodia de la vida que llamamos la no-muerte. Los magos dicen que el poder curativo es difícil de duplicar con magia ya que requiere un control exhaustivo de una mente suprema (es decir, un dios) para regenerar cada célula dañada, cada tejido rasgado. Nada dicen, por supuesto, de porque esa limitación no se aplica a la tarea de digamos, mover cada átomo de sus cuerpos a otro punto del planeta instantáneamente.
Los Sacerdotes dicen que los dioses crearon la magia para darle a los seres vivos un potencial para sobrepasarlos o reemplazarlos. Sin embargo, también crearon la muerte para evitar que esto sea inevitable a la larga. Y para asegurarse que una cosa no sobrepase a la otra, diseñaron una limitación inherente en la magia que impedía desafiar a la muerte. Nada dicen, por supuesto, de los cientos de maneras que los magos han encontrado para escapar a su muerte, desde el primer Lich que se oculta en el inframundo, hasta los eventuales feyrs, archimagos, o el simple conjuro de Longevidad que garantiza la inmortalidad clínica. O los dragones, su propia creación que son tanto, para todos los fines prácticos, grandes magos como, para todos los fines prácticos, inmortales.
Ninguna de esas disputas le era familiar a Casandra, ni, en rigor, le importaban un rábano. Ella estaba mas allá de esta limitación porque a) al ser un arkane, había nacido en un universo diferente donde las patéticas limitaciones de este mundo no se aplicaban, b) no era maga ni sacerdotisa, sino psionica c) era tanto capaz de curar como de usar artes psionicas capaces de eclipsar a un mago de su mismo nivel.
Y haciendo uso de ambas habilidades, despertó a Tharloff.
- Paska! Tämä lohikäärme oli erityisen hedelmällinen! –gimió el drakking en Dveska.
- No era un dragón, querido. Landon destruyo su propia nave. Sabes que es un poco precipitado.
- Auuch…supongo que siempre se arrepintió de no haber disparado en ese mundo alterno que visitó… el del morgest.
- Tú estabas muerto en ese mundo, Tharly – le dijo, acariciando la cabeza.
- ¿Cómo esta Grana?
El rostro de Casandra se ensombreció – No hemos encontrado su cuerpo. Si es que quedo algo… este lugar es especial.
Luego de un momento, admitió: - Creo que esta vez la hemos perdido.
Tharloff bajo la vista. Estaba demasiado cansado para sentir angustia.
-¿Encontraron a Charizar?
-Si. Lo he curado. Me ha costado una pelea con Armand, te diré.
-Entiendo.
El drakking reconoció que estaban en la enfermería, desordenada pero más o menos entera. Noto que la camilla donde estaba Magetrain en éxtasis estaba vacía.
-¿Qué demonios fue eso, Cas? Digo, Enor, ese ataque y todo eso.
Cas se encogió de hombros.
-Enor creía que nuestra misión podía cambiar la historia, acaso destruir el mundo. Un mundo que el controla en gran parte. Tenía mucho que perder.
-Era el último sobreviviente de los que destruyeron al destino, verdad?
-Así es. – lo miro extrañada – ¿Como lo sabes?
-No estoy seguro. Me sonó cierto, simplemente.
-¿No te estarás volviendo telepata, T? – Cas sonreía.
-No, Tiwur me libre. Ser un virtumante es demasiado para cualquiera.
-Bien, porque no quiero competencia. Enor vino a salvar el mundo, el mundo que él entendía que era el correcto.
-Entiende aun. No está muerto. – meditó el karmigero..
-No. No sentí que haya muerto. Pero no está aquí. – aclaro Cas.
Tharloff cerró los ojos. Sintió el karma a su alrededor, buscando ese agujero en la matriz del karma que Armand le había comentado.
-Quizás no. ¿Así que nos abordo?
-Estuvieron a bordo todo el tiempo. Usaron alguna especie de magia o poder para ocultarse de nosotros, de mi telepatía, de los sentidos de Grana, de su percepción del karma.
-Son buenos. – admitió el karmigero.
-Tuvieron ayuda de adentro, también.
Tharloff se sintió incomodo.
-¿Pirotesh?
-Si. Prácticamente fue la que organizó el ataque, a la par de Enor. Nos traicionó. Se escapó en la capsula de escape. Landon dice que debe estar llegando a la corona del destino.
-Mierda. – El labio le sangraba; era curioso que Cas se haya saltado ese detalle. Se lo limpio.
-¿Tenemos más bajas? – Preguntó Tharloff – O sea, Grana, el viejo Ruspy…
-Hitamo. Zeldon.
Tharloff maldijo en voz baja.
-Y Megalreanna… bueno, es diferente ahora. Se fusionó con un heraldo de Sirion, parece que eran amantes, y ahora, son una misma persona. O criatura. O cosa.
Tharloff se incorporó y salto de la camilla. Se ajusto sus brazaletes.
-Bien. ¿Como sigue esto?
-La nave está hecha pedazos. Esta sala y parte de la parte de arriba es lo único que queda. Armand está con los prisioneros – Frunció el seño, era evidente que no le gustaba ese concepto. – Landon está tratando de improvisar alguna manera de seguir adelante.
Cruzaron un par de escotillas, y llegaron a una sala donde efectivamente estaban Armand y los prisioneros. Charizar, sano, pero visiblemente debilitado, lleno de cicatrices. Un goano vestido como un mujid, profundamente dormido. Y un elfo robusto, de kimono y espada, las manos atadas.
-Tharl. – Saludo Armand. – Buena pelea.
-¿Buena? Enor me hizo pedazos, si Char no lo distraía…
-El que da el último puñetazo es el que gana, Tharl. Enor no esta aquí, y solo quedas tu. Ganaste, mi amigo.
Casandra se inclino a borrar las cicatrices del dragón, pero este se negó con un gruñido.
-Me dejaste solo…
-El karma es un asunto solitario, discípulo.- se burló- Tuve que hacer un servicio a unos amigos.
-¿Megalreana y el heraldo? ¿Dónde están?
-Afuera, con Landon. Tenemos que seguir. Hitamo lo habría querido así.
-¿Qué vamos a hacer con tus “prisioneros”? –pregunto, irritada, Cas.
-No lo sé, Cas – contestó, un igualmente irritado Armand.
-Hoy no ¬–tercio Tharl. – Cas, abre un vínculo con Landon.
"Landon, que vamos a hacer."
"Como está la situación allá afuera."
"Bien, lo que hice, lo hice bien. La nave se queda. Cuando apague los motores conservamos mucha… “inercia”, así que estamos más cerca en las dimensiones trascendentes. Pero no vamos a llegar."
"¿Entonces?"
"Tenemos una alternativa."
"¿Pensaste en algo?"
"No. Nuestro nuevo amigo, o amiga, o amige. Puede llevarnos."
"¿Mitrae?"
"Si. Es parte de sus habilidades como El Pacto, dice. Puede movernos a todos allá."
"Excelente."
"Pero hay una condición. Aparentemente, solo puede haber hasta 10 eleutheros, sea lo que sea eso, en el jardín."
"Así que tendremos que llevarnos a los prisioneros?"
"Inaceptable. Mataron a Grana, a Zeldon y a Hitamo."
"Enor mato a Hitamo. Grana murió en la explosión. Zeldon está vivo… bien, no muerto. Pero no aquí."
"Eso es irrelevante. Son enemigos."
"No es un punto a negociar. Son Diez o nada, dice Mitrae."
"No llegamos de todas maneras. Nosotros somos cuatro, con el ángel somos cinco, los tres prisioneros son ocho. Pirothess es la novena."
"Gracias. Aun no aprendí a contar. Mitrae dice que tenemos un último eleuthero que nos está esperando allá."
"Si, el Guardián."
"No. El Guardián no cuenta."
"¿Quién?"
"No lo sé. Mitrae dice que es una sorpresa."
"Opss. Está bien. Pero quiero mis miyikos."

viernes, enero 29, 2010

Capitulo XXVIII: Vulnerant omnes, ultima necat

Si todos los karmigeros del mundo usaran su mejor ataque en el primer round de un combate, Kraad seria una ceniza humeante. Ese es un viejo proverbio queuriano, que frecuentemente ha sufrido mas de un cráter causado por la predisposición de un usuario del karma a atacar con mas fuerza de la necesaria.
Si se le preguntara a un karmigero porque estos nunca usan su mejor ataque en el primer round, este diría que la razón es simple: la pelea seria demasiado corta como para disfrutarla. Esto no deja de ser verdad, pero no lo es por los motivos que el karmigero intenta aludir. No es verdad que los karmigeros usen una escala estrictamente creciente de poder en sus ataques porque disfruten estéticamente de la pelea y deseen darle a su oponente una chance deportiva, un Handicap, un desarrollo dramático de la pelea. Al menos, no es la razón mas profunda.
Si presionas un poco al karmigero, este te explicara que gran parte del valor de una técnica depende de la sorpresa. Algunas defensas son mejores contra ciertas técnicas, y un karmigero que use a granel su mejor técnica rápidamente vera que todos sus enemigos recurrentes han pasado estos meses de descanso entrenando defensas ideales contra sus técnicas. Bien, esto no deja de ser verdad.
Pero no es ni por lejos la razón por la cual los karmigeros guardan su mejor ataque para el final.
El karma es un recurso limitado. Muy limitado. Veras, la espada de un guerrero nunca pierde su filo. El favor de una deidad dura bastante. Los conjuros de un mago se acaban mas rápido de lo que uno cree. Pero el karma de un karmigero es una llamarada que explota rápido y fuerte, y deja todo quemado a su paso.
En otras palabras, si un karmigero usa su mejor ataque en el primer round, lo mas probable es destruya a su enemigo sin problemas. El problema estará con el siguiente enemigo que entre al campo de batalla diez minutos después.
Todos los karmigeros (al menos, todos los karmigeros que sobreviven) respiran ese credo y ese temor toda su vida. Es una verdad de su arte tan cierta como universal. Esa fue la razón por la cual Tharloff Ulurund ataco a Enor Dufour con una técnica tan débil como los cuchillos de karma, esa noche en la parte superior de la cabina del Gomerghast. Deja lo mejor para el final, decía su karmigero interior. Eso y que había dejado sus miyikos en su habitación cuando empezó el combate.
La situación había cambiado. Enor estaba aun ahí, pero había dejado caer su arma principal: Terminal Blade. La espada creada por Mandramas era conocida como el arma personal mas poderosa de la historia, y estaba tan indisociablemente asociada a Enor que incluso era un tema de canciones infantiles. Despojarse de su arma había dejado a Enor en un estado de indefensión que todo karmigero (quedaban tan pocos) hubiera soñado. Es mas, si en plena batalla contra Metatron, Enor y Tharloff, peleando del mismo lado, el enano hubiera quedado así desarmado, probablemente el karmigero le hubiera dado la espalda al mismo metratron para aprovechar la oportunidad y matar al enano.
Y al mismo tiempo, le había devuelto un arma definitiva: la velocidad de la oscuridad. La técnica que Tharloff había buscado desde su adolescencia, estaba tan asociada a su estilo de pelea (y el de Armand) como Terminal al de Enor.
así que tan pronto como la energía del megakarmigero lo inundo, Tharloff volvió a conectar la velocidad de la oscuridad. Durante un instante subjetivo temio ser nuevamente arrojado hacia el vacío, como la ultima vez unos minutos atrás. Pero nada sucedió, salvo que Enor pareció detenerse ante sus ojos.
Tharloff cavilo. Enor era, discutiblemente, el oponente mas formidable y peligroso que podía encontrar en todo Kraad. Estaba totalmente justificado utilizar todo su karma para eliminarlo. Y ya que estaba decidido a usar todo su karma, lo mejor mas optimo era hacerlo en un solo golpe, en un infinito y eficiente golpe.
Lo que lo hacia cavilar era, como siempre, el Segundo Enemigo. Enor era el mas peligroso, pero cualquier cosa es peligrosa si eres un karmigero sin karma. Esta noche, si todo salía bien, si podían repeler a estos enemigos, pisarían el Reino del Destino. Que estaba guardado, al menos, por un oponente capaz de eclipsar a Enor.
Opto finalmente por un camino intermedio: su segunda mejor técnica. El campo de energía surgió de todos los poros de su piel. Tharloff tomo a Enor como el foco de su técnica, y libero todo su potencial.
Aquí fue cuando descubrió Tharloff su error. Verán, los ataques de energía de un karmigero en general no son demasiado rápidos. A lo sumo se pueden mover a la velocidad de la luz (y en la mayor parte de los casos ni siquiera alcanzaba ni una ínfima parte de esa velocidad). Ningún mejorador puede afectarlo. Esa es la razón por la que los karmigeros de alto nivel aun utilizan ataques de melee, a pesar de que poseen ataques de energía mucho mas destructivos. Para la velocidad de la oscuridad, las oleadas de plasma karmico del campo de energía se movían en cámara lenta. Su nerviosismo le había ocultado esa verdad fundamental. Mas allá de que iba a ser subjetivamente un rato largo hasta que las oleadas de energía abrasen al enano, lo cierto es que estas oleadas no eran para Enor mas rápidas que cualquier otra técnica. Y por lo tanto podrían ser fácilmente esquivadas.
Y eso fue lo que sucedió. Tharloff pacientemente observo como se tensaba los músculos de enor, su rostro se encendía y su cuerpo lentamente se arrojaba hacia atrás, dejando libre el punto donde la energía convergía.
Tharloff cancelo el ataque entonces. había desperdiciado demasiado karma. La velocidad de la oscuridad solo era un ventaja en melee, así que Tharloff cargo, y uso el gancho de Zefiro contra el desprevenido Enor.
Una vez mas, la mala suerte lo acompaño. Porque ataco casi a ciegas, y golpeo un punto central del rígido tanque de placas de Enor. El dolor en los nudillos lo cegó, y vio su mano llenarse de su propia sangre. El tanque de placas se astillo y agrieto, pero resistió, e incluso absorbió la inercia del impacto y el mismo karma del ataque. Tharloff había fallado su ataque.
Dos errores seguidos eran demasiado. Tharloff tomo un enfoque practico, y uso una técnica totalmente inesperada. La llamaba la patada del pozo, y era el completo opuesto del gancho del céfiro. En vez de ser un puñetazo al mentón que te eleva por el aire, era una patada descendente a la coronilla que te hunde en el suelo.
Y Tharloff, pacientemente maniobro en el aire, y golpeo con su rodilla el casco del enano. Sobre tierra normal, la patada del pozo solo te hunde hasta las rodillas. Con la velocidad de la oscuridad activada, en cambio, el Enano se hundió mucho mas que eso; atravesó el casco de Gomerghast y se perdió en el interior de la nave, dejando un túnel de escombros voladores.
Tharloff respiro. Era hora de usar otra de sus segundas mejores técnicas. había estado guardándola justamente para una batalla como esta. Era un viejo invento de Armand. La llamaba El Fuego del Armigero.
Todas los lugares, decía Armand, tienen su propia energía, su propia esencia. Esta técnica simplemente colectaba esa energía usando el karma del lanzador y la moldeaba en la forma de un arma. Solo era un arma de un solo uso, pero su impacto era terrible, generando una oleada de poder crudo que el karmigero podía dirigir y controlar. Era, por lo tanto, un ataque de melee, acelerable con la velocidad de la oscuridad, pero tan destructivo como el mejor de los ataques de energía. La única desventaja del Fuego del Armigero era que la forma exacta del arma dependía del lugar donde estabas y que solía tener pequeños efectos secundarios sobre el ejecutor. Tharloff lo había usado en el goan, y se había formado una cimitarra candente de energía blanca, que le hablaba a su mente y lo compelía a ser virtuoso.
Por esta razón, Tharloff se asusto al ver que el fuego del armigero se formaba en una enorme espada de dos manos, cuya hoja estaba formada por un fragmento del vacío Sobreplanar, llamante y omnívora. Durante un aterrador segundo espero que la espada en sus propias manos siguiera las ordenes mentales de Enor y lo atacara. Pero eso no sucedió. Tharloff pensó que era lógico, después de todo estaban viajando en el mismo Sobreplano del vacío, alejado de todo plano. Siguió cargando el fuego con su karma, haciendo mas y mas grande la espada, mas poderosa y peligrosa, hasta que apenas le quedo karma para mantener su velocidad.
Tharloff se aseguro que El Fuego del Armigero no hacia ningún ademán sospechoso, y se arrojo por el túnel dejado por Enor. Era largo, mas de un kilómetro, y conducía hasta la popa del Gomerghast, donde estaban los tanques de mana. El túnel desembocaba efectivamente en un inmenso tanque cúbico de cien metros de lado, afortunadamente vacío.
Ahí estaba ENor, todavía moviéndose en cámara lenta. Tharloff dio un rápido paneo y descubrió un espectáculo aun peor. A ambos lados de Enor había dos cuerpos, ambos severamente heridos y sangrantes y quizás agonizantes. La mirada en el rabillo del ojo le revelo que el mas pequeño no era otro que Grana, su amiga y compañera de Aventuras, y que el mas grande, era la forma humanoide de Charizar, su examino y ex compañero de aventuras.
Tharloff cerro los ojos y se concentro en su combate. Enor le daba la espalda, y giro a su alrededor; quería ver su rostro; y efectivamente lo vio; el casco se había partido y su armadura despedazado en la caída. La hoja Terminal del Fuego del armigero dio un rápido giro y se incrusto en el pecho del enano; y como su homónima mas celebre, la hoja se abrió en un cono de terrible oscuridad que cubría todo el torso. Tharloff vio el rostro de Enor descomponerse por la terrible presión gravitacional; los fragmentos de su armadura combarse, partirse y volar chupados por la hoja. Enor grito, un aullido que THarloff no pudo escucha a pesar de estar a centímetros de distancia, porque la Hoja terminal absorbía todo el sonido y el aire. Los ojos inundados de dolor y asombro de Enor se cruzaron con los suyos; Tharloff por instinto libero las ultimas restricciones, y la hoja creció, una oleada de oscuridad tapo por entero a su enemigo, y ambos desaparecieron con un chasquido seco.
Tharloff cayo sobre sus rodillas, agotado; desactivo la velocidad de oscuridad, mirando el lugar donde hasta un segundo atrás estaba el matakarmigero mas poderoso de su mundo. Jadeando, espero unos segundos, aun alerta, esperando un contrataque. Luego cerro los ojos, y trato de concentrarse en Casandra, buscando que ella lo sienta y le comunique donde estaban los otros. Grana necesitaba ayuda urgente.
Lo siguiente que sintió fue el frío de una hoja metálica cruzar su cuerpo. No sintió dolor, el golpe fue tan sorpresivo que lo inmovilizo. abrió los ojos y vio a Enor, jadeante, lastimado y sudado, con una espada de dos manos que estaba incrustada en el abdomen de Tharloff.
-Tharloff-Escupió Enor- Pequeño idiota. ¿Sabes? Tengo una espada, una espada muy peligrosa. Se llama Terminal, quizá la conozcas. Es peligrosa porque a veces, si no la usas bien, si pierde la concentración, si te tuerces cuando estas dando un mandoble, puede golpear a su propio portador. ¿Crees que nunca pensé en eso, Ulurund? ¿No crees que pude haber diseñado una manera de atenuar ese riesgo?
THarloff no podía contestar. La hoja de la espada, de alguna manera, emitía algo que lo paralizaba, que le drenaba toda calidad de pensamiento mientras se mantenía dentro de su cuerpo. Era como el aullido de un matakarmigeros, pero hecho arma y acero.
-Ese viajecito, ese pequeño ataque, no estaba mal. Pero ya estuve allí, y volví de allí. La primera vez fue cuando pelee contra un Morgest, hace tanto tiempo que ya lo había olvidado. Las botas, ese es el truco. Te pueden transportar desde muy lejos. Son unas malditas botas mágicas, muy, muy útiles. Realmente valieron todo ese puto trabajo que me costo robarlas.
Enor retiro la espada, pero el aturdimiento aun nublabla la mente de Tharloff. Vio como enor alzaba la espada sobre su cabeza y decía.
-Mándale mis saludos a Grana. Nada personal, dile, solo el bando equivocado.
El golpe final cayo velozmente, y en con un estruendo metálico, fue detenido por una garra. Enor miro y vio un rostro draconiano a su lado.
-¡Charizar! Que demonios haces!
Tharloff entonces contraataco con el puño del céfiro; esta vez sin armadura, conecto perfectamente sobre el mentón del enano. Enor voló, catapultado por el ultimo remanente de karma de Tharloff, y salio despedido, atravesando nuevamente las paredes de Gomerghast, hasta salir afuera de la nave como un meteoro celeste.
-¡Charizar… - Tharloff, aun arrodillado, se toco el vientre perforado y sangrante. El dragón no estaba mejor; la mitad izquierda de la cara era un sola herida, y el brazo izquierdo estaba cortado a la altura del hombro. Sus alas eran despojos quebrados. Pero estaba vivo.
-… nada contra ti… Venganza… Grana…
-Ahorra palabras, Char. Tienes que salir de aquí o Armand te hará pedazos. Casandra no te va a curar, aunque la verdad es que si no viene rápido yo tampoco voy a contar el cuento. Hay una capsula de escape, tenemos que volver a los pasillos… Por Wilthas, Grana…
Tharloff intento levantarse, pero no sentía las piernas. Sabia que Enor estaba lejos, pero vivo, y la batalla aun no había terminado…
Fue en ese momento cuando una de las paredes del tanque se puso al rojo vivo y estalló; una oleada de energía mágica incandescente inundó la habitación.
-Tengo un mal presentimiento… - musitó Tharloff.